Más de 4 000 habitantes de la localidad de Yariguá y comunidades aledañas, al oeste de la capital tunera, cumplieron hasta el domingo pasado cuatro días sin servicio eléctrico. La causa no es esta vez un apagón por déficit de generación, sino la sustracción del aceite dieléctrico del transformador que alimentaba la zona, el onceno hecho de este tipo registrado en la provincia en los últimos meses.
El ingeniero Anisley Santiesteban Velázquez, director técnico de la Empresa Eléctrica de Las Tunas, confirmó al periódico 26 la magnitud de la afectación durante un recorrido por el taller de transformadores de la entidad. “Ya con el de Yariguá y el de Lora, en el municipio de Jesús Menéndez, vamos por 11 hechos delictivos asociados al robo de aceite y partes de transformadores”, declaró el directivo.
Frente al incremento de estas fechorías, la institución ha diseñado una estrategia integral que combina soluciones técnicas inmediatas, blindaje de infraestructura y participación ciudadana. Las medidas, detalladas por Santiesteban Velázquez, abarcan desde el restablecimiento de cercas perimetrales hasta la instalación de trampas químicas con el apoyo del Ministerio del Interior (Minint).
Cercas, luz solar y trampas químicas: la primera línea de defensa
El directivo explicó que se trabaja en la recuperación de los vallados perimetrales de las 44 subestaciones consideradas más vulnerables, muchas de las cuales estaban deterioradas o habían sido dañadas deliberadamente para facilitar el acceso ilegal.
“Les estamos poniendo lámparas solares —añadió el ingeniero— para que por la noche siempre tengan iluminación”. Esta acción, aparentemente sencilla, busca eliminar la cobertura de la oscuridad que aprovechan los delincuentes.
Otra de las herramientas, quizás la más llamativa, es la colocación de trampas químicas. “Con la cooperación del Minint colocamos estos dispositivos”, precisó Santiesteban Velázquez, sin abundar en detalles operativos por razones de seguridad. La medida persigue disuadir o identificar a quienes manipulen los equipos.

Vigilancia humana y endurecimiento legal
La tecnología y las barreras físicas no bastan. La Empresa Eléctrica busca sumar personas a la protección. “Tenemos la posibilidad de contratar agentes de seguridad y protección en las subestaciones”, anunció el directivo. El plan es asignar cuatro agentes por cada una de las 44 subestaciones priorizadas, y ya se ha hecho una convocatoria pública para quienes deseen participar.
Paralelamente, el marco legal se ha endurecido. “Tiempo atrás, un dictamen del Tribunal Supremo Popular anunció que todo delito asociado a la infraestructura eléctrica será considerado sabotaje”, recordó el especialista. La tipificación abarca el robo de aceite, el hurto de acometidas —que deja sin luz a viviendas y centros estatales—, la sustracción de baterías y el robo de transformadores completos o sus partes.
“Nos están dejando varias comunidades, varios poblados sin electricidad”, enfatizó el director técnico.
El llamado al pueblo: “Mi Barrio Seguro” también en las subestaciones
Más allá de las acciones institucionales, Santiesteban Velázquez exhortó a la organización de los pobladores. “Llamo a la convocatoria colectiva y popular a proteger nuestras subestaciones”, dijo, y vinculó esta petición con el proceso nacional impulsado por la Asamblea Nacional: “Que ese proceso que está llevando ‘Mi Barrio Seguro’ lo hagamos efectivo en las subestaciones de la Empresa Eléctrica y en toda infraestructura que nosotros tenemos”.
La idea es clara: la comunidad debe asumir la protección de estos bienes como propios. “Los transformadores, al igual que las turbinas eléctricas que hay en los barrios de Acueducto y Alcantarillado, están rodeados de asentamientos y tiene el pueblo que cuidarlos”, sentenció.
Mientras tanto, la solución técnica en marcha
En medio del despliegue de seguridad, los operarios del taller de transformadores no detienen su labor. Allí someten a pruebas un equipo que estaba en almacén, también sin aceite, pero que podría devolver el servicio a Yariguá, Dumoy, La Jibarera y otros poblados aledaños.
“Le estamos haciendo un proceso complejo y lento de recirculación del aceite por el núcleo —detalló Santiesteban—. Se calienta a 70 grados para eliminar la humedad. Si las pruebas salen bien, tendremos la solución en la mano”.
El panorama es difícil. A los apagones por déficit de generación —agravado, recordó el directivo, por el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos— se suman las horas de oscuridad provocadas por la mano criminal. Pero la estrategia de enfrentamiento, al menos sobre el papel, ya está en marcha.














