Bajo el nombre de Ticket el Banco Metropolitano, que opera en la capital, ha establecido una aplicación que permite a los usuarios acceder a servicios y trámites bancarios en un día y horario determinados.
Este sistema digital se presenta como una alternativa organizada para quienes desean reservar un turno con antelación y evitar largas colas, sin eliminarse la atención presencial tradicional.
Ambas modalidades funcionan de manera paralela, siempre que las sucursales cuenten con las condiciones esenciales para su ejecución, entre éstas, disponibilidad del servicio eléctrico sostenido y la presencia de la fuerza laboral imprescindible con vistas a no detener la actividad bancaria habitual.
El pago a jubilados y a personas en situación de vulnerabilidad, en sus comunidades y hogares, con el apoyo de Mipymes, es otra iniciativa que se implementa en varios municipios habaneros.
Bienvenidas entonces cuantas ideas o propuestas, también en el resto del país, alivien la crítica situación que enfrenta el proceso de bancarización, en el cual, dicho sea de paso —aunque lo rectorea el Banco Central de Cuba (BCC)— tienen participación diversos organismos e instituciones del Estado hasta el nivel de municipio.
Para entender su complejidad hay que tener claro que aunque hoy el rostro más negativo esté en las largas colas en las sucursales, o en los intentos por extraer efectivo, en realidad el asunto va más allá de las posibilidades o deseos del sistema bancario.
Como advierte en un artículo en Cubadebate el colega Oscar Figueredo, el BCC ha insistido en la bancarización de las operaciones, en el uso obligatorio de medios electrónicos cuando sea posible, y en el rol de la cuenta bancaria fiscal como eje de control de los ingresos de los actores económicos.
Se trata, en esencia, de ordenar los flujos financieros, reducir la dependencia del efectivo y dar mayor trazabilidad a las operaciones.
Pero deficiencias internas en materia de prestación de servicios, insuficiente personal y una infraestructura tecnológica con cierta obsolescencia (cajeros automáticos sin operar) repercuten a su vez en la calidad y en satisfacer las necesidades o demandas de la población, especialmente.
En muchos territorios los límites de extracción son de apenas 500 pesos por día debido a la severa crisis de liquidez física de las sucursales, y en medio hoy de una incontenible inflación ello no alcanza para pagar un producto, o el transporte a privados, por los altos y abusivos precios existentes.
Entonces estamos en medio de una encrucijada cuando a diario a una gran cantidad de personas -tras recibir en tarjeta electrónica el dinero de su salario o jubilación- les cuesta trabajo extraerlo, y por otro lado al pretender adquirir un producto o servicio se les niega hacer transferencia.
Denuncias van y vienen junto a multas y otras sanciones durante inspecciones a los establecimientos tanto estatales como privados, aunque las violaciones de lo normado ocurren mayoritariamente en negocios particulares, con justificaciones o pretextos inconsistentes, absurdos y contraproducentes: «transferencia sí, pero con recargo”.
Están las supuestas limitaciones de pagos para un día, la adulteración de códigos QR o su ausencia para Transfermóvil o EnZona, la negativa a cobrar cuando la cuenta supera cierta cantidad de dinero o, en el más burdo de los casos, no realizar la operación sin otra explicación.
Una cadena cerrada
Varios negocios privados evitan depositar su efectivo por temor a no poder retirarlo después, lo cual reduce aún más el circulante que entra al sistema bancario.
El resultado visible es una cadena cerrada: menos dinero en caja, más dificultad para retirarlo y más operaciones fuera del banco.
Incluso un servicio tan útil como el de Caja extra también tiene quejas de la población cuando consumidoras como Esperanza Castellanos, una jubilada villaclareña, aluden que en esa bodega o establecimiento de Comercio Interior casi nunca pueden entregarte la cantidad de dinero en efectivo que necesitas, o bien porque no la hay o porque alguien decidió limitar el monto de las extracciones. Además, cuando no hay corriente es casi imposible utilizar el teléfono.
¿Y cómo quedo yo? se preguntan muchos clientes ante tamaña desprotección, bien molestos pues no pudieron comprar el alimento, el aseo o el producto necesitado, además de que les hacen creer que la culpa la tiene el Estado con la bancarización.
Entonces se impone explicar con sólidos argumentos y ejemplos cómo este proceso contribuye al desarrollo económico y a la inclusión financiera, al garantizar que la población disponga de medios de pago seguros y servicios bancarios asequibles; al promover el uso de canales electrónicos con altos estándares de seguridad y acompañamiento al usuario, y al reducir el uso de efectivo y optimizar los procesos financieros del país.
Pero en nuestra opinión las causas de las dificultades, limitaciones y retos no dependen solo de las disposiciones bancarias.
La necesidad de efectivo para comprar dólares en el mercado informal —opción popular frente a la ausencia aún de un fuerte mecanismo oficial para adquirirlos—, la evasión fiscal, las limitaciones tecnológicas o la burocracia a la hora de extraer efectivo, condicionan que todavía muchos prefieran mantener sus carteras digitales lo más vacías posibles.
En medio de estas contradicciones y maneras de pensar, habría que valorar, por ejemplo, si no obstante las múltiples ventajas de la bancarización estaban creadas desde un inicio las imprescindibles condiciones, la necesaria integralidad sobre todo en los territorios.
Sin dudas no podemos dejar de mencionar en primer lugar cuánto dañan el incremento de las medidas de máxima presión desde Estados Unidos, dirigidas a hacer cada día más insostenible la vida de la población cubana.
El cerco energético impacta en la disponibilidad de fluido eléctrico, tal cual viene ocurriendo desde mucho antes con el propio bloqueo estadounidense en las dificultades para adquirir piezas, equipos y tecnologías en aras de la modernización de nuestras sucursales, y de la conectividad que les deben garantizar las empresas del sector de las comunicaciones.
Mas la bancarización no es solo una herramienta tecnológica.
Como hemos dejado entrever, deviene un cambio cultural, institucional y operativo. Implica disciplina financiera, control efectivo, incentivos claros y, sobre todo, coherencia entre lo que se regula y lo que se permite en la práctica pues hay mucha indisciplina, informalidad, violaciones de lo establecido y desprotección del usuario o consumidor.
Ojalá alternativas como la aplicación Ticket, el pago en sus hogares a jubilados o a personas en situación de vulnerabilidad, y ferias comerciales en las que se incentive el uso de canales electrónicos, entre otras acciones, sigan contribuyendo a, contra viento y marea, no perder la confianza en el proceso de bancarización.
(Tomado de ACN)













