Mercados energéticos globales al borde del abismo por conflicto en Golfo Pérsico

Los mercados energéticos mundiales atraviesan una situación de extrema tensión, con indicadores que apuntan a una crisis de proporciones aún no dimensionadas por los países occidentales, según un análisis publicado por la revista The Economist.

A cincuenta días de iniciada la guerra con Irán, el mundo ha perdido 550 millones de barriles de crudo del Golfo, casi el 2% de la producción mundial del año pasado. Cada mes que Ormuz permanece cerrado, el mundo pierde 7 millones de toneladas de gas natural licuado (GNL), lo que equivale al 2% de su suministro anual.

Pese a estas cifras, en naciones como Estados Unidos y las europeas, el impacto aún se percibe como limitado. La publicación británica señala, no obstante, que “esta imagen reconfortante es profundamente engañosa”.

Explica que, para el 20 de abril, los últimos petroleros que cruzaron el estrecho de Ormuz antes del inicio del conflicto llegaron a sus destinos en Malasia y California, por lo que “ya no queda ningún amortiguador para proteger al mundo del choque de oferta, en una época del año en la que la demanda de los conductores de vacaciones empieza a repuntar”.

The Economist ha reunido un panel de indicadores para calibrar la cercanía de una catástrofe energética. El resultado sugiere que “ya se ha causado un daño grave. Peor aún, sin una reapertura, los costes podrían dispararse, desencadenando eventos que provoquen el colapso del sistema de combustible”.

La publicación añade que “una reapertura del estrecho ahora evitaría —por poco— un desastre total. Pero parte del dolor adicional ya es inevitable”.

Tres factores, detalla el texto, están empujando al mundo hacia el abismo: los cargamentos de petróleo disponibles para comprar se están agotando; las refinerías están recortando drásticamente la producción de combustible; y la demanda sigue siendo artificialmente alta, especialmente en Europa. “Algo grande debe ceder en algún lugar importante para que los mercados energéticos se equilibren”, sentencia.

La fuente recuerda que, aunque al inicio del conflicto una cantidad casi récord de petróleo ya estaba en el mar —lo cual evitó el pánico inmediato—, “tras las últimas entregas, esas existencias marítimas se han agotado”. También se han agotado la mayoría de los cargamentos de petróleo iraní y ruso que merodeaban en el mar. Los volúmenes totales en el agua han caído a una velocidad récord, y para el combustible de aviación y la gasolina, están “muy por debajo de las normas históricas, y posiblemente cerca del mínimo necesario para que el comercio marítimo funcione”.

Asia, que solía recibir cuatro quintas partes de las exportaciones del Golfo, enfrenta una situación particularmente crítica. “Corea del Sur tiene previsto reducir las liberaciones de sus reservas estratégicas en los próximos días. Las de Japón se agotarán en mayo”, advierte el análisis.

Las existencias de crudo en Asia, excluyendo a China, cayeron 67 millones de barriles, un 11%, en el mes transcurrido hasta el 19 de abril. La escasez ha obligado a los refinadores asiáticos a recortar el procesamiento en más de 3 millones de barriles por día (b/d), o el 10% de su capacidad combinada.

China, que posee unos 1 300 millones de barriles de crudo en reserva, podría ayudar liberando parte de ese volumen. Sin embargo, “ha suspendido las exportaciones de productos refinados. Un operador familiarizado con su estrategia energética estima que no abrirá los grifos antes de una tregua duradera”, añade el artículo.

Los precios del combustible refinado ya son muy altos. En los mercados al contado asiáticos, la gasolina se acerca a los 120 dólares el barril, el diésel a 175 dólares y el combustible de aviación a 200 dólares, frente a los 80, 93 y 94 dólares, respectivamente, antes de la guerra. Siete países han impuesto mandatos de trabajo desde casa y al menos cinco están racionando el combustible para vehículos.

Europa, en cambio, ha evitado hasta ahora la destrucción de la demanda mediante subsidios y recortes de impuestos al combustible. “De los 27 países de la Unión Europea, 16 están utilizando dinero de los contribuyentes o recortando los impuestos al combustible para proteger a los consumidores de los precios más altos”, indica The Economist.

Pero esta política tiene un alto costo: “La materia prima a cerca de 130-150 dólares el barril ha empujado los márgenes de los refinadores europeos al rojo”, y la extrema “backwardation” —cuando los precios al contado superan con creces a los de futuros— aplasta sus beneficios. “No pasará mucho tiempo antes de que necesiten recortar la producción”, vaticina la publicación.

El análisis concluye que si Europa sigue subsidiando el consumo, los mercados se desequilibrarán aún más. La demanda en Estados Unidos, que suele dispararse en el periodo de viajes por carretera de verano, empujará aún más al alza los precios de los productos, mientras que la competencia por el GNL se intensificará cuando Europa comience a reponer el gas para el invierno.

Autor

Comparte este artículo

Cuadrando la caja

Fuentes Renovables de Energía ¿Cambian las reglas del juego para la generación?

Energía Renovables en Cuba: la transición que puede cambiar la economía

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *