Arroz cubano-vietnamita: Un ejemplo de cooperación que desafía bloqueos y burocratismos

“Todas las trabas hay que quitarlas”. Sin medias tintas, sin concesiones al inmovilismo administrativo, y con la mirada fija en la meta de la soberanía alimentaria, el presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, sentenció este jueves la urgencia de desmontar cualquier obstáculo burocrático que frene el desarrollo productivo del país.

El mandatario realizó estas declaraciones casi al cierre de su visita a la Empresa Agroindustrial de Granos Los Palacios, en Pinar del Río, precisamente donde se teje una alianza estratégica con la empresa vietnamita Agri-VMA para impulsar la producción de arroz, cultivo vital para la canasta básica de la nación.

El escenario no podía ser más elocuente. Antes de que el jefe de Estado recorriera las tierras más occidentales de la Isla, el director general de la entidad, Michel Ballate Camejo, explicó a la prensa los pormenores de esta colaboración internacional. Los socios asiáticos ya tienen en usufructo un total de 1 000 hectáreas, donde aplican modelos productivos intensivos en combinación con las técnicas extensivas tradicionales de la agricultura cubana.

“Agri-VMA lleva alrededor de tres campañas trabajando aquí”, detalló Ballate. “Y los rendimientos que ostentan son muy superiores a la media nacional”. La evidencia está en los números. Actualmente, más de 800 hectáreas están sembradas bajo este proyecto conjunto, con la mira puesta en alcanzar las 1 700. La proyección de cosecha es ambiciosa: alrededor de 14 000 toneladas de arroz.

“Hoy estamos cosechando a nueve toneladas por hectárea”, afirmó el directivo, sin ocultar el orgullo. “Es un rendimiento que hace muchos años no veíamos en el país”.

Las claves del éxito: insumos y sapiencia

¿Cuál es el secreto de esta alianza? Ballate fue preciso: “Primero, los insumos. El arroz es un cereal caro que demanda un fuerte paquete tecnológico, y ellos lo tienen. Segundo, la sapiencia. Esos amigos tienen décadas de experiencia en el cultivo. Aquí se funden nuestra agricultura extensiva con su agricultura intensiva, y así se logran los resultados de hoy”.

El directivo destacó que el grano obtenido es de muy buena calidad y adelantó que ya se estudia la creación de una empresa mixta. “La tendencia es crecer”, subrayó, y afirmó que este modelo se replicará en otras zonas de la Isla. Para él, que acumula tres décadas de trabajo en el sector, esta cooperación es “la vía expedita que los arroceros tenemos para darle a nuestro pueblo la respuesta que necesita”.

Ciencia, sostenibilidad y resistencia

Sobre el terreno pinareño, Ballate explicó que buscan consolidar un fondo de alrededor de 4 000 hectáreas. El propósito: garantizar la canasta básica y generar excedentes para vender en el mercado en divisas, haciendo así autosustentable el modelo productivo. Pero no ocultó las dificultades. “El problema energético es muy fuerte”, reconoció. Por eso trabajan en la instalación de un horno de biomasa que permitiría ahorrar 2 050 litros diarios de diésel.

Tampoco hay idealismos. “Se está secando arroz en carreteras y en pistas, con el sol”, admitió. “Pero tenemos la imperiosa necesidad de ir modificando nuestras industrias, que hoy, en honor a la verdad, están a la saga de los resultados de la agricultura”.

Un aspecto que Ballate quiso resaltar es la firmeza del socio vietnamita ante las presiones externas. “Hay muy buena disposición de los empresarios vietnamitas de seguir invirtiendo, pese a las presiones para que no inviertan en Cuba. Ellos tienen una posición incólume, no han titubeado ni un segundo, y han puesto los insumos y siguen trabajando”.

La visita del presidente, en la que estuvo acompañado por el miembro del Buró Político y secretario de Organización del Comité Central del Partido, Roberto Morales Ojeda; el ministro de Agricultura, Ydael Pérez Brito; y las autoridades del territorio, permitió constatar el ritmo de trabajo en Los Palacios: jornadas de 13 a 14 horas diarias. Las intensas lluvias de la última semana han añadido complejidad, pero el propósito es inamovible: “Sacar la empresa adelante, trabajar con los vietnamitas y salvar todo ese arroz de gran calidad que está en el campo”, resumió Ballate.

Un taller de experiencias y prosperidad concreta

Frente a las maquinarias que surcaban los cultivos, el presidente intercambió con el presidente de Agri-VMA, Nguyen Van Quang, y otros representantes vietnamitas. En un momento del diálogo, Díaz-Canel destacó una idea surgida del propio intercambio: “Ellos están proponiendo usar esto como taller para capacitar a productores nuestros. Y yo creo que sí, que toda la experiencia que se va acumulando aquí la podemos trasladar incluso a otros lugares”.

El mandatario insistió en sembrar cada palmo de tierra disponible. “Cómo hay tierra todavía por sembrar”, reflexionó, y llamó a seguir vinculando más productores a las áreas agrícolas. Ya en un almacén, conversando con campesinos sobre sus ganancias, definió con claridad el sentido de esta empresa: “Esto es prosperidad productiva. Sustituimos importaciones, logramos producciones que no estábamos teniendo, empleo, ingresos para la familia, bienestar… Ya esto está asociado a la prosperidad”.

Antecedente de hermandad

No es la primera vez que Díaz-Canel y Nguyen Van Quang dialogan sobre esta experiencia. En un reciente encuentro en La Habana, el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba agradeció al empresario vietnamita por un apoyo que demuestra “que en poco tiempo Cuba podrá ser capaz de autoabastecerse de arroz”. En aquella ocasión, el visitante correspondió al agradecimiento y reafirmó la decisión de la dirección de su país de seguir apoyando a la hermana Cuba, sin titubeos, a pesar del complejo contexto internacional.

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