La Refinería de Petróleo Hermanos Díaz, ubicada en esta ciudad y perteneciente a la Unión Cuba-Petróleo (Cupet), escribe hoy un nuevo capítulo en su historia de resistencia tecnológica. Si en 2024 este colectivo logró la proeza de procesar crudo pesado de importación mediante un solvente innovador, en 2026 la planta se enfrenta a un desafío aún mayor: refinar el petróleo nacional, de alta viscosidad y agresividad química, ante el bloqueo energético impuesto por la administración estadounidense que impide la llegada de suministros externos.
“La situación se tornó compleja in extremis por el bloqueo energético impuesto por la administración Trump, impidiendo que por nuestras instalaciones corra el petróleo que antaño comprábamos en el exterior”, lamentó la ingeniera Irene Barbado Lucio, directora general de esta dependencia de Cupet y miembro del Comité Central del Partido.
La directiva recordó que, mediante la coerción y el chantaje, el Gobierno estadounidense dictó a los proveedores internacionales la prohibición de vender crudo a Cuba. “Pero el riesgo mayor era que el país se quedara sin la nafta, imprescindible para continuar con la extracción en nuestros pozos petroleros”, enfatizó.
De la proeza de 2024 a la urgencia de 2026
En 2024, Granma ya había indagado sobre el procesamiento del petróleo crudo pesado que el país importaba. Un equipo de especialistas de la Hermanos Díaz creó un solvente que lo llevaba a los 16 grados API para convertirlo en crudo medio y, una vez destilado, obtener los derivados necesarios para la economía.
“Esa proeza tecnológica permitió que nuestra empresa dejara atrás la etapa comprendida entre 2016 y 2021, signada por pérdidas, producción exigua, y el lamentable éxodo de ingenieros, técnicos y personal de servicios”, reconoció Barbado Lucio.
Fruto del esfuerzo de más de 700 trabajadores y del poderoso movimiento de innovadores y racionalizadores, se generaron y distribuyeron utilidades, y se contuvo la emigración de personal calificado hacia otras empresas de Cupet y hacia centros del sector estatal y privado. En aquella etapa, la refinería santiaguera —una de las cuatro que tiene el país, ampliada y modernizada en la década de los 80— procesó nafta, gasolina, combustible para pozos perforadores, fuel-oil para centrales termoeléctricas y generación distribuida, así como insumos para la producción de asfalto y la industria del níquel.
Emancipación por esfuerzo propio
Ante el nuevo escenario adverso, la premisa volvió a ser la misma. “Nuevamente la opción era emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos, como aconsejó el Comandante en Jefe en el concepto de Revolución. Él fue quien impulsó la ampliación y modernización de nuestra planta en la década de los 80, pero quiero recalcar que fue diseñada para procesar crudo ligero”, precisó Víctor Manuel Díaz Despaigne, director del área de refinación.
Con esa convicción, el colectivo se propuso convertir el crudo nacional en procesable. “Si el crudo pesado importado lo pudimos convertir en crudo medio, ante la urgencia, nos propusimos hacerlo con el nacional”, expresó Díaz Despaigne.
Luego de intensos estudios y adecuaciones, en marzo se realizó una primera corrida de crudo nacional. “Obtuvimos nafta, diésel y fuel-oil y, sobre todo, no se detuvo la explotación de nuestros yacimientos petrolíferos”, puntualizó Barbado Lucio. En esta etapa inicial, se refina el crudo de la región occidental que, según explicó el ingeniero Irenaldo Pérez Cardoso, director adjunto de Cupet, “tiene mejores condiciones, fluye mejor, tiene una viscosidad menor”.
Estas acciones se realizaron en paralelo a las investigaciones del Centro de Investigaciones del Petróleo, basadas en la termoconversión, y que fueron dadas a conocer por el primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ante miembros del Consejo Nacional de Innovación. En aquel momento, el mandatario afirmó que se “rompió un criterio, un tabú que había en el país, de que el crudo nacional no se podía emplear en otras cosas, y prácticamente lo teníamos condenado a que se usara directamente en un grupo de termoeléctricas”.
Adecuaciones ante la agresividad del crudo cubano
Aunque los primeros resultados fueron alentadores, la viscosidad, el elevado nivel de azufre y la acidez del petróleo cubano impusieron nuevas y profundas adecuaciones tecnológicas.
“Ante esos altos contenidos de azufre, acidez y la elevada viscosidad del crudo nacional, se requirió que especialistas efectuaran cálculos y adecuaciones para optimizar y facilitar el proceso de refinación”, manifestó Yanet Revé Luna, especialista principal del Departamento de Tecnología.
Se rehabilitaron los sistemas de lavado del crudo y se estableció la dosificación de un nuevo producto, el Vapen 220 pe, que actúa como neutralizante en el tope de la torre de destilación atmosférica contra los ácidos corrosivos formados durante el fraccionamiento. Asimismo, se construyó una línea para recolectar los gases contaminantes que salen en el tope de la torre de destilación al vacío y quemarlos en los hornos, contribuyendo así al cuidado del medioambiente y de la salud de los trabajadores.
Como se hacía muy complicado que el combustible fluyera a través de las líneas de diez pulgadas para llegar a la unidad de succión y procesamiento, Revé Luna acotó: “hicimos una interconexión de una línea de 20 pulgadas”.
Mayores y mejores resultados
Como el país solo ha recibido un tanquero ruso en los últimos seis meses, Cupet continuó en la senda de trabajar con el crudo nacional y ejecutó el procesamiento de 20 mil toneladas. El colectivo de la Hermanos Díaz asumió este colosal reto y, según Barbado Lucio, la corrida de mayo “tuvo resultados superiores a la primera corrida de esta fase piloto, con la producción de la nafta solvente destinada a los pozos y fuel-oil”.
Dado que el diésel obtenido del crudo nacional no cumple aún con todos los estándares para la comercialización, se hizo necesario mezclarlo con uno de óptimas características para posibilitar su uso. El fuel-oil de condición extrapesado se está empleando ya en la Central Termoeléctrica Antonio Maceo, con resultados positivos, y se evalúa su uso en la industria del níquel.
Aun cuando lo procesado no cubre la demanda total del país, constituye un avance tecnológico decisivo para aprovechar con mayor eficiencia los recursos energéticos endógenos. Con unas siete décadas de explotación, en este emplazamiento se labora intensamente para mejorar la infraestructura y los procesos productivos. Se avanzó en el proyecto de flujometría para garantizar la trazabilidad del procesamiento y evitar pérdidas de combustible, así como en el reforzamiento de los sistemas contra incendios, pararrayos y medios antiderrames, para minimizar los impactos en la bahía santiaguera.
“Fue un proceso complejo, de mucho estudio y experimentación, en el que también desempeñó un papel fundamental nuestro equipo de mantenimiento y la Dirección de Refinación de Cupet”, valoró la directora general. “Si a finales de la década pasada nos hubiéramos resignado a las restricciones tecnológicas, el destino de esta importante industria era muy incierto. De ahí que, en unidad, vencimos lo que parecía invencible”.
En total coherencia con la necesidad de quitarles cada día un pedacito a los problemas, este colectivo —con no pocos de sus miembros trabajando intensas jornadas y en el mayor de los anonimatos— continúa aplicando la ciencia y la innovación para que los derivados del petróleo nacional estén presentes, en la medida de lo posible, en las principales actividades del país.












