Que haya pasado tanto tiempo desde que comenzó a ser lujo comer carne de cerdo, debido a lo inaccesible de sus precios en cualquier timbiriche de productos agropecuarios –por no hablar de lo prohibitivo de las ofertas de la carne importada– anula todo el argumento que no tribute a una solución productiva.
Sí, ya se sabe que la crisis pospándémica y las redobladas medidas económicas del bloqueo de EE.UU. lo han atravesado casi todo en el país, para mal o para peor –porque ese es el objetivo de quien aprieta el cuello para exterminar a otro–, y eso ha pasado también con la “improducción” porcina.
Pero que en las mismas circunstancias alguien pueda ensayar una experiencia exitosa, y otros con iguales condiciones no, solo habla de una inercia reprochable que obliga a poner a un lado las explicaciones estériles y virarse para “el que le sale bien”, a ver si haciendo lo mismo, o al menos parecido, puede ponerse sobre el plato algo de lo que va, que es la comida.
Por eso hace falta ir diciendo por ahí que hay gente inteligente y trabajadora que ha podido demostrar que se puede producir, sin miedo a que lo señalen a uno por mostrar lo que es todavía excepción, tan lejos de tanta gente; sin embargo, de eso van las alternativas, de enseñarlas para “despabilar” a los que dicen que no.
Y en esto de la carne de cerdo ha pasado, por ejemplo, con la Sociedad Mercantil Porcina creada por un grupo de porcicultores de Placetas, con el médico José Ramírez González al frente, que ha pensado a la vez en cómo garantizar desde las crías que necesita hasta el alimento con que las cebarán para vender.
En La Macagua, una de sus unidades en el municipio villaclareño de Manicaragua, puede explicarse cómo funciona lo que han hecho, y Granma ha procurado los detalles con Ramírez González.
–¿Qué era La Macagua justo antes de esta experiencia?
–Al momento de su entrega por parte de la Empresa Porcina Villa Clara, se encontraba en una situación de vacío productivo. Ese estado planteaba un gran reto, porque implicaba comenzar desde cero la conformación de una base reproductiva funcional y eficiente, capaz de garantizar la estabilidad productiva y el cumplimiento de los objetivos estratégicos de la nueva entidad.
“Aunque la instalación contaba con una infraestructura constructiva favorable, hubo que realizar una intervención en el sistema hidráulico interno que garantizara el bienestar animal, además de facilitar un sistema de bombeo de agua desde fuentes freáticas, operado mediante energía solar fotovoltaica, entre otras acciones.
“En enero de 2023 se logró dar el primer paso decisivo: la adquisición de los primeros ejemplares reproductores, una compra que fue resultado de una coordinación estratégica con el Grupo Porcino Nacional, que tributó animales provenientes de centros genéticos de referencia, ubicados en Cabaiguán, Placetas, Artemisa y Pinar del Río, lo que permitió incorporar material genético de alta calidad”.
–¿Por qué se seleccionó este centro y no otro de Villa Clara?
–La elección de La Macagua respondió a la estrategia de unir, en un mismo sitio, la cría de animales y la producción de alimentos, al existir en una zona aledaña una fábrica de pienso que, aunque estaba en una situación deplorable, era posible rehabilitar, a fin de procesar allí nuestras materias primas y elaborar los concentrados alimenticios necesarios de forma económica y oportuna.
–¿Cómo fueron los inicios del proceso de reproducción?
–El sistema de cría inició con una estructura básica compuesta por 63 madres y seis verracos, lo que permitió establecer un núcleo reproductivo funcional y escalable desde sus primeras etapas.
“Hoy, gracias a una gestión eficiente y a la implementación progresiva de mejoras en infraestructura y manejo genético, el proyecto cuenta con 514 puercas madres, 27 sementales y otras 64 hembras que se están preparando para la reproducción, lo que representa una expansión sustancial en solo dos años y medio en capacidad reproductiva y operativa”.
–¿Cuántas precebas producen hoy y cómo se comporta la tasa de natalidad y de supervivencia?
–La producción ha mostrado un crecimiento sostenido y estratégico en los últimos tres años, reflejo de las mejoras introducidas en el manejo reproductivo, infraestructura y control sanitario. Así, por ejemplo, en 2023, alcanzó una producción de 850 precebas, con un peso promedio de 10.1 kilogramos (kg). Un año después, la cifra se incrementó, hasta llegar a las 3 220, con un peso promedio de 10.5 kg; y en lo que va del año, ya superamos las 4 275 precebas, con un peso promedio de 10.7 kg, lo que evidencia la calidad del proceso.
–¿Existen otros indicadores de eficiencia?
–Previmos una tasa de viabilidad inicial de 81.7%, pero hoy se ha superado, alcanzando un 88.2%, lo que refleja una alta eficiencia en el proceso. Respecto a la mortalidad en cría, estimada en un plan del 14%, se ha reducido a 10.25%, gracias a mejoras en el manejo neonatal y la bioseguridad. También es significativa la baja mortalidad en precebas, proyectada en un principio en un 4% y que hoy está en solo en 2%, lo que confirma la efectividad del sistema de alimentación, alojamiento y seguimiento técnico.
–¿Cómo garantizan la alimentación de los animales?
–Mediante un proceso organizado que combina importación y adquisición nacional de materias primas. Estos insumos son utilizados en la elaboración de piensos balanceados en nuestra propia fábrica, lo que permite mantener altos estándares de calidad, ajustar las fórmulas nutricionales según las necesidades específicas de cada etapa de desarrollo, y asegurar un suministro constante y confiable para todo el ciclo productivo.
–¿Cómo se comercializan las precebas?
–Se venden, principalmente, a productores porcinos individuales y a empresas que operan módulos pecuarios. La venta se realiza bajo contratos establecidos mediante convenios porcinos, que garantizan condiciones claras para ambas partes, incluyendo precios, volúmenes, calidad sanitaria y fechas de entrega. Este enfoque contractual fortalece la transparencia y fomenta relaciones comerciales estables.
“Este modelo de abastecimiento progresivo y sostenido de precebas constituye un nuevo impulso en el proceso de recuperación de la producción porcina, al facilitar la reactivación gradual de los sistemas de ceba en el municipio y la provincia. Aunque representa un granito de arena dentro de un esfuerzo colectivo, sus efectos pueden ser significativos en términos de seguridad alimentaria, empleo rural y dinamismo económico local”.
–¿En qué medida la atención a los trabajadores y el compromiso de estos han tenido que ver con los resultados?
–En primer lugar, el comprometimiento con la tarea de Eliecer Gómez Olmo, del médico veterinario Yanko Alberto Fernández, quienes están al frente de la tarea en La Macagua y guían cada día las labores de los 39 trabajadores que allí laboran. A ello se une el trabajo realizado desde la empresa por Alexey J. Pérez Martín y Suley Quintanilla Espinoza, encargados de atender, desde la Sociedad Mercantil, la producción especializada.
“Han incidido, además, el hecho de haber implementado diversas acciones orientadas a mejorar el bienestar, la motivación y las condiciones de trabajo, entre las que se destacan los salarios, acordes con la responsabilidad y el esfuerzo de cada puesto de trabajo; el acceso a la venta de productos agropecuarios a precios módicos; la asignación de medios de transporte, que facilita la movilidad y reduce tiempos de traslado, y una alimentación de calidad en el comedor obrero, además de otros estímulos”.
–¿Cree que sea posible extender esta experiencia?
–La práctica en la unidad de cría La Macagua, impulsada por la Sociedad Mercantil Porcina de Placetas, demuestra que existe un alto potencial para extender este modelo productivo a otros centros que actualmente se encuentran en desuso. Con las condiciones adecuadas de infraestructura, organización y gestión de abastecimiento, estos espacios podrían ser reactivados progresivamente, contribuyendo a ampliar la capacidad de producción porcina en la provincia y en el país, con lo cual se generarían empleos y se fortalecerían las cadenas agroalimentarias en los territorios.
(Tomado de Granma)