Desempleo en EE.UU. toca máximo histórico: Más de 105 millones de personas fuera del mercado laboral

El mercado laboral estadounidense atraviesa una paradoja sin precedentes: mientras las solicitudes semanales de subsidio por desempleo caen a mínimos de los años sesenta, el número total de ciudadanos sin empleo alcanzó la cifra récord de 105.8 millones, según estimaciones del Banco de la Reserva Federal de Saint-Louis, una tendencia que supera incluso los picos registrados durante la crisis financiera de 2008 y la pandemia de covid-19.

La institución monetaria precisó que este indicador, que mide a la población de 16 años o más que actualmente no se encuentra trabajando, incluye no solo a los desempleados en sentido estricto, sino también a jubilados, estudiantes, amas de casa y aquellas personas que han cesado voluntariamente la búsqueda activa de empleo. Esta categoría, conocida como “fuera de la fuerza laboral”, ha crecido de manera sostenida en los últimos años, impulsada por el envejecimiento demográfico, el aumento de la matrícula educativa y, más recientemente, por los efectos pospandémicos que alteraron los hábitos de participación laboral.

Los datos de la Fed de Saint-Louis contrastan abruptamente con la cifra de solicitudes iniciales de desempleo publicada este jueves por el Departamento de Trabajo, que registró 187 000 peticiones en la semana del 18 de julio, su nivel más bajo desde la década de 1960. Esa reducción de 22 000 con respecto al período anterior había sido interpretada inicialmente por algunos analistas como señal de solidez en el empleo, pero la magnitud del total de inactivos revela una realidad más compleja: el mercado laboral estadounidense se está polarizando entre un núcleo de trabajadores estables y una masa creciente de ciudadanos que han quedado al margen del sistema productivo.

Especialistas consultados advierten que la tasa de participación laboral, que en junio cayó a su cota más baja en más de cinco años, explica gran parte de esta aparente contradicción.

El descenso en el número de solicitantes de beneficios no refleja necesariamente una mayor contratación, sino más bien una reducción en el número de personas que se consideran desempleadas activas. De hecho, el crecimiento del empleo formal se desaceleró notablemente en junio, y la caída de la tasa de paro general a un mínimo anual se debió, en buena medida, a la salida de trabajadores del mercado, no a la generación de nuevos puestos.

Este escenario plantea un dilema mayúsculo para la Reserva Federal, que tiene el doble mandato de promover el máximo empleo y mantener la estabilidad de precios. Si bien la cifra de 105.8 millones de inactivos no es un fenómeno reciente —viene acumulándose desde hace décadas por factores estructurales—, su magnitud histórica coincide con un renovado repunte inflacionario impulsado por la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, que ha disparado los precios del petróleo y avivado los temores a una nueva ola de presiones energéticas.

En teoría, un aumento de las tasas de interés podría ayudar a contener la inflación, pero también corre el riesgo de profundizar la exclusión laboral al encarecer el crédito y frenar la inversión empresarial. Los datos recientes, que muestran un mercado donde las contrataciones y los despidos son moderados, no ofrecen una dirección clara, y la decisión que adopte el banco central en su próxima reunión de política monetaria —prevista para la semana entrante— se perfila como una de las más difíciles de los últimos años.

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