En respuesta a la compleja situación electroenergética que atraviesa el país y con el propósito de perfeccionar la gestión de las afectaciones por déficit de capacidades de generación, la Empresa Eléctrica de La Habana implementó un nuevo sistema de organización por circuitos que sustituye el anterior modelo de gestión por bloques.
La medida, concebida inicialmente para una aplicación gradual previo a la socialización de la información necesaria, debió adelantarse ante las emergencias derivadas de la reciente caída del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), ocurrida en días recientes. El colapso del sistema impuso la necesidad de acelerar un proceso que, aunque previsto, no había concluido su fase de preparación y divulgación.
De acuerdo con una nota publicada por el periódico Juventud Rebelde y retomada por fuentes oficiales de la Empresa Eléctrica capitalina, la organización por circuitos permite un seguimiento en tiempo real del comportamiento del servicio eléctrico en aspectos clave como los apagones, las averías y los mantenimientos programados. Asimismo, facilita una comunicación más efectiva y directa entre los clientes y la entidad prestadora del servicio, al poder identificar con mayor precisión las afectaciones y sus causas.
La nueva estructura organizativa desagrega el territorio de la capital en múltiples circuitos eléctricos, distribuidos por municipios, lo que posibilita una gestión más descentralizada y una respuesta más ágil ante las contingencias. Este enfoque, según especialistas del sector, contribuye a elevar la calidad del servicio al reducir los tiempos de respuesta y permitir una planificación más ajustada a las necesidades reales de cada zona.
La Empresa Eléctrica de La Habana ha publicado, a través de sus canales oficiales en Telegram, los mapas con la distribución de los circuitos por cada municipio de la capital, con el objetivo de que la población pueda identificar su área de cobertura y conocer con mayor claridad el estado del servicio en su localidad.
La decisión responde además a una estrategia más amplia del Gobierno cubano para enfrentar las limitaciones del sistema eléctrico nacional, agravadas por el bloqueo económico de Estados Unidos, que dificulta el acceso a combustibles y piezas de repuesto necesarias para el mantenimiento de las plantas generadoras.





































