El gobierno de Brasil enfatizó este miércoles que las eventuales medidas de reciprocidad económica frente a Estados Unidos no deben ser interpretadas como un acto de represalia o animadversión, sino como un mecanismo legítimo de defensa comercial orientado a restablecer el equilibrio en las relaciones bilaterales.
“La idea no es la venganza. Se dice que ojo por ojo puede llevar a que ambos queden ciegos. La reciprocidad es: nos están haciendo daño y queremos corregirlo”, declaró una alta fuente del Ejecutivo ante la prensa, en un intento por desactivar interpretaciones belicistas y subrayar el carácter proporcional y técnico de cualquier respuesta.
En paralelo al pulso diplomático, la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Apex-Brasil) ha acelerado una agresiva agenda de misiones comerciales hacia India, México, Japón, Singapur y otros mercados asiáticos, como parte de una estrategia de diversificación que busca reducir la histórica dependencia del gigante sudamericano respecto al mercado estadounidense. Esta ofensiva externa se complementa con la apuesta del Palacio del Planalto por desbloquear y avanzar en acuerdos del Mercosur con otros bloques regionales y países extracontinentales, en lo que constituye un giro geoeconómico de largo aliento.
Sin embargo, el escenario comercial podría tornarse más adverso en las próximas semanas. El representante comercial de Estados Unidos (USTR) adelantó que Washington podría divulgar inminentemente un nuevo paquete de aranceles adicionales contra cerca de 60 naciones, bajo el argumento del presunto uso de trabajo forzado en sus cadenas productivas.
Brasil figura entre los países bajo lupa y, de acuerdo con filtraciones preliminares, enfrentaría un gravamen suplementario de hasta un 12.5 por ciento sobre determinados productos.
De concretarse esa medida, varios bienes de exportación brasileña quedarían sujetos a una carga arancelaria acumulada superior al 37 por ciento, lo que ejercería una presión inédita sobre sectores industriales estratégicos —como el acero, el aluminio, la carne procesada y los componentes automotrices— que mantienen un alto grado de exposición al comprador norteamericano.
Analistas advierten que, si bien el gobierno busca encuadrar su respuesta en los márgenes de la Organización Mundial del Comercio, el margen de maniobra se estrecha a medida que se multiplican los frentes de fricción.













