Como parte de un proyecto de cooperación internacional dirigido a fomentar prácticas empresariales responsables y sostenibles en el oriente del país, el Gobierno Provincial de Santiago de Cuba puso en marcha el pilotaje del Sello de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), una iniciativa que coloca a la región en la avanzada de los procesos de transformación del tejido productivo y de servicios.
La experiencia se despliega bajo la coordinación de la Dirección de Desarrollo Territorial, con el respaldo del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas —perteneciente al Ministerio de Economía y Planificación—, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Embajada de la Confederación Helvética (Suiza), lo que evidencia la sinergia entre gobierno, academia, sistema de planificación y cooperación internacional.
En declaraciones a la prensa, Reinier Limonta Montero, director de Desarrollo Territorial del Gobierno Provincial, precisó que el sello constituye un instrumento sumamente importante para reconocer las buenas prácticas de responsabilidad social empresarial, actualmente en fase de experimentación con los actores económicos santiagueros.
El directivo enfatizó que este proceso no nace de la improvisación, sino que se sustenta en las potencialidades de un territorio con una estructura productiva diversa y una reconocida tradición de solidaridad.
Y es que Santiago de Cuba cuenta con un tejido empresarial heterogéneo, compuesto por 745 actores privados —de ellos 13 mipymes estatales, siete cooperativas no agropecuarias y el resto mipymes no estatales—, al que se suman 116 empresas estatales, unidades básicas de producción cooperativa, cooperativas de créditos y servicios y otras formas de producción agropecuaria. Ese entramado, por su propia naturaleza, ofrece un escenario privilegiado para probar un mecanismo que aspira a trascender los límites sectoriales.
Limonta precisó que el Sello de RSE no está concebido exclusivamente para el sector no estatal, sino para distinguir a aquellas entidades que integran la responsabilidad social como parte de su modelo de negocio, lo que incluye el respeto a las normas laborales, de seguridad y salud en el trabajo, la protección del medio ambiente, la inclusión de personas en situación de vulnerabilidad, y la oferta de bienes y servicios dirigidos a grupos con especial protección. De esta forma, el instrumento se erige en una herramienta transversal, aplicable a cualquier forma de gestión que asuma la responsabilidad social como eje estratégico.
Más allá del apoyo puntual a causas sociales, como los servicios de salud, la atención a niños sin amparo filial o la asistencia social, el instrumento reconoce modelos empresariales que privilegian el entorno en que se desarrollan y contribuyen de manera sostenible al desarrollo humano local, dijo. Con ello se busca consolidar una cultura organizacional donde la mirada al entorno deje de ser un complemento ocasional para convertirse en una dimensión estructural del negocio.
El directivo subrayó que la RSE no sustituye la responsabilidad del Estado y el Gobierno con las políticas sociales, sino que las complementa, desde un enfoque de sostenibilidad económica y social; en ese sentido, el sello se inserta en la Estrategia de Desarrollo Provincial, específicamente en su línea estratégica de desarrollo humano sostenible. La alineación con los instrumentos de planificación territorial confiere al proceso legitimidad y proyección de largo plazo.
Uno de los hitos iniciales del pilotaje, según explicó Limonta, ha sido la co-creación del sello, proceso que incluyó tres talleres con representación de actores económicos del territorio, así como la capacitación de un equipo evaluador integrado por cinco especialistas del Gobierno, la Asociación Nacional de Economistas y Contadores, la Universidad de Oriente y el propio sector empresarial. La participación directa de los implicados en el diseño del mecanismo garantiza su pertinencia y arraigo.
Dicha preparación se realizó a partir de metodologías regionales del PNUD para América Latina, orientadas no solo a la evaluación de la RSE, sino también al crecimiento y aceleración de negocios, lo que deja capacidades instaladas en la provincia para la continuidad del proceso, significó. La formación de recursos humanos locales constituye, en palabras de las autoridades, uno de los legados más valiosos de esta fase inicial.
Limonta destacó que, aunque en el sector privado la RSE ha estado tradicionalmente asociada más al sentimiento solidario que a un enfoque estructurado, existen numerosas experiencias concretas en Santiago de Cuba, entre ellas mencionó donaciones de alimentos y recursos tras el paso del huracán Melissa, el apoyo al proyecto Con Pasión para proteger a personas en situación de mendicidad, la colaboración con hospitales y hogares de niños sin amparo familiar, y la inserción laboral de mujeres, madres con tres o más hijos menores y otras personas en situación de vulnerabilidad. Esas vivencias, acumuladas a lo largo del quehacer cotidiano de los actores económicos, sirven ahora de punto de partida para transitar hacia un reconocimiento sistémico y sostenible.
El inicio del Sello de Responsabilidad Social Empresarial en Santiago de Cuba confirma la voluntad del territorio de avanzar, desde la unidad del tejido económico y social, en la construcción de un modelo de desarrollo más justo, inclusivo y sostenible. Con este paso, la provincia indómita refrenda su condición de laboratorio de innovación en políticas de desarrollo territorial, donde la articulación de los actores económicos, las instituciones y la cooperación internacional se traduce en resultados concretos a favor de las personas.













