¿Cómo afecta el cerco económico de EEUU a la fábrica de látex de Las Tunas?

Desde 2017, la fábrica de artículos de látex de Las Tunas —única de su tipo en el país— no elabora guantes quirúrgicos esterilizados, una realidad que trasciende las palabras y se siente en los salones de las instituciones sanitarias, en niños y adultos que aguardan una cirugía y en el personal médico y de enfermería que enfrenta a diario esa carencia.

El déficit también golpea la economía nacional, pues adquirir esos medios en el exterior resulta sumamente oneroso y compromete la seguridad del paciente. La raíz de ese panorama está en el bloqueo económico, comercial, financiero y energético que Estados Unidos recrudece sin tregua para asfixiar al pueblo cubano, con abierto desprecio a las normas que rigen la convivencia entre naciones.

El caso más elocuente se aprecia en la compra de materias primas. La planta tunera contaba con un suministrador de látex natural en Guatemala, pero este no pudo sostener los vínculos comerciales, y Cuba debió buscar un mercado más estable en una nación asiática.

“Es una solución, pero tiene un costo enorme por la lejanía”, afirmó a Granma Milaydys García Aguilar, especialista de producción, quien detalló que no solo se encarece el producto: también suben las tarifas de transportación y los aranceles, y las demoras en la llegada a puerto pueden provocar que los insumos arriben caducados o defectuosos.

La especialista indicó que la confección de guantes precisa además de otros renglones importados hoy ausentes en el centro, como el oleato de potasio, el acelerante ZDBC y los pigmentos líquidos. “La última vez recibimos esos colorantes en polvo y para usarlos hubo que reducirlos a partículas más finas que las del látex. No disponemos de molinos adecuados para ese proceso y es otra de las causas por las que este año no hemos podido producir”, puntualizó.

Una planta marcada por el bloqueo

Antonio Elio Núñez Nojas, jefe de la fábrica, rememoró que en 2016 la planta alcanzó un récord de seis millones de pares de guantes quirúrgicos estériles, cifra que respaldó en buena medida la asistencia sanitaria en todo el país. “Hoy es imposible. Tampoco podemos producir en las líneas auxiliares, donde se elaboraban guantes domésticos, membranas para el acopio del veneno de las abejas y los conos empleados en la extracción del semen del ganado para la inseminación”, lamentó.

El directivo explicó que el bloqueo afecta los procesos químicos y mecánicos, e incluso el acceso a la bibliografía: los servidores de internet responden que la información no está disponible para esta área geográfica. “Eso también forma parte del bloqueo y nos vamos quedando atrás con los procedimientos y las nuevas tecnologías de la actividad. En nuestras producciones utilizamos variadores de frecuencia de una marca norteamericana y no podemos acceder a ellos. Hoy la planta necesita nueve y solo tenemos dos en funcionamiento, lo que afecta la cadena transportadora porque al variar las velocidades se modifican los parámetros que debe tener el guante”, aseguró.

George Cruz Ramayo, director de la unidad empresarial de base Thaba Las Tunas, a la que pertenece la entidad, consideró que esta fábrica pudiera aportar mucho al desarrollo socioeconómico de Cuba de no mediar el bloqueo. “Además de las producciones especializadas, podríamos hacer otras cosas. Tenemos una esterilizadora de 10 metros cúbicos totales, una de las más grandes del país, pero no la podemos utilizar porque trabaja con óxido de etileno en botellones de 34 kilogramos que hay que importar. Si pudiéramos usarla sería de gran beneficio para la salud pública de todo el país, porque aquí se esterilizarían los guantes y una gran cantidad de equipamientos médicos. Hoy no lo podemos hacer y mantenemos esa área en perfecta conservación. También se afectan los laboratorios bioquímico y físico mecánico: nos faltan equipos de elongación, peachímetros y reactivos, todos imprescindibles para garantizar la calidad de nuestra producción”, argumentó.

Con la mirada puesta en el futuro

La mayoría de los trabajadores de la fábrica de guantes quirúrgicos permanece en sus puestos, con la voluntad de sostener las producciones tradicionales y otras surgidas para mejorar las finanzas del centro y de los propios obreros. “Hemos tenido que hacer cosas nuevas”, comentó Núñez Nojas: se diseñó un pequeño taller de talabartería, se alistó una sala de costuras y se aprovechan residuos de látex en otros renglones como pelotas, utilizadas por el equipo de béisbol y comercializadas a Educación y otros organismos.

“Y estamos produciendo guantes domésticos de manera manual, con un cronómetro para que los procesos duren el tiempo adecuado. No quedan perfectos, pero son útiles para la higiene, la limpieza y hasta para la peluquería”, añadió.

Junto a las producciones alternativas, en la fábrica se aprecia una gestión colectiva orientada a conservar la tecnología existente, a la espera de tiempos mejores que permitan reactivar la línea fundamental, interrumpida por el zarpazo que Estados Unidos asesta a la economía y a la sociedad cubanas.

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