En medio de un escenario internacional adverso y sujeto a las más complejas presiones económicas y financieras, el programa de desarrollo tabacalero en Cuba no solo se mantiene en pie, sino que avanza con paso firme y resultados tangibles.
Lejos de detenerse, la industria del principal rubro exportable de la agricultura cubana exhibe cifras que certifican su capacidad de resistencia y crecimiento, incluso en las circunstancias más desafiantes para la nación.
Los números son elocuentes: las áreas dedicadas al cultivo del oro verde y los volúmenes de producción continúan en franco ascenso, desafiando las limitaciones impuestas por el bloqueo y los fenómenos meteorológicos.
Así lo confirmó Osvaldo Santana Vera, director agrícola del Grupo Empresarial Tabacuba, quien detalló que en la occidental provincia de Pinar del Río —territorio que aporta cerca del 70 % de la hoja cubana— el crecimiento sostenido de las plantaciones ha sido a un ritmo aproximado de 2 000 hectáreas adicionales por año, lo que evidencia una voluntad inquebrantable de recuperación.
No obstante, la revitalización del sector tras el devastador embate del huracán Ian en septiembre de 2022 ha sido un proceso que va mucho más allá de la simple recuperación de áreas perdidas y toneladas cosechadas.
La transformación integral del ramo incluye una colosal obra de reconstrucción de miles de instalaciones productivas y de servicios, acompañada de un audaz cambio en la matriz energética y una poderosa inyección de tecnología de última generación. Este salto cualitativo no solo ha permitido ganar en eficiencia productiva, sino que ha humanizado significativamente las duras labores del campo, aliviando el esfuerzo físico de los vegueros y sus familias.
La vanguardia de este renacimiento tecnológico se vive en San Juan y Martínez, el municipio que ostenta el título de mayor productor de tabaco en Cuba, con más de 2 700 hectáreas sembradas en la campaña 2025-2026. Allí, la modernización se hace palpable en cada rincón.
Según explicó Michel Alejando Valdés, director de la Empresa de Acopio y Beneficio de Tabaco Hermanos Saíz, el proceso inversionista ha sido acelerado: se han comercializado cerca de un centenar de tractores entre campesinos y cooperativas, y se han instalado 53 sistemas de riego accionados por paneles fotovoltaicos, a los que se sumarán 51 equipos adicionales en el corto plazo.
Estas acciones, en su conjunto, permitirán que 450 hectáreas de cultivos queden liberadas por completo de la dependencia del Sistema Eléctrico Nacional y del combustible fósil para el suministro de agua, un paso de gigante hacia la soberanía energética.
El directivo adelantó, además, que un nuevo lote de estos sistemas, actualmente en proceso de importación, elevará aún más la cifra. De concretarse esta adquisición, San Juan y Martínez contaría con la mitad de sus áreas tabacaleras (1 500 hectáreas) equipadas con sistemas de riego respaldados por fuentes renovables de energía, un hito sin precedentes en el sector.
Paralelamente a estas inversiones en infraestructura hídrica y mecanización, Valdés subrayó la construcción de modernas cámaras de cura controlada, la extensión del riego por goteo y, uno de los avances más significativos, la instalación de túneles de posturas de última generación.
Esta tecnología, que protege los semilleros de los embates de la lluvia y la intemperie, garantizará que el municipio pueda respaldar la totalidad de sus áreas de tabaco tapado, las destinadas a la producción de semillas y una parte de las vegas de tabaco de sol. Con ello, se elimina el riesgo histórico de perder las posturas por fenómenos climáticos, asegurando así el inicio de las siembras en tiempo y forma.
Por todo este cúmulo de esfuerzos, sacrificios y logros concretos, no resulta casual que el Buró Político del Partido haya destacado, entre los méritos para conferir a la provincia de Pinar del Río la sede del Acto Central por el 26 de Julio, precisamente el desarrollo alcanzado en la producción tabacalera.
Detrás de cada hectárea recuperada y de cada sistema de riego instalado, subyace el empeño inquebrantable de miles de cubanos que, con sus manos y su inteligencia, salvaguardan una tradición centenaria y, al mismo tiempo, apuntalan una actividad económica que genera cientos de millones de dólares al año para el país, demostrando que, contra viento y marea, el campo cubano sigue sembrando futuro.













