La petrolera estatal brasileña Petrobras declaró este martes que una eventual colaboración con Petróleos Mexicanos (Pemex) podría comprender tanto los yacimientos actuales de la empresa mexicana como nuevas zonas, y extenderse más allá del sector de exploración y producción, en un movimiento que apunta a fortalecer la integración energética regional.
La directora de Exploración y Producción de Petrobras, Sylvia Anjos, precisó en declaraciones a la prensa que se están llevando a cabo estudios en materia de refinería y gas, lo que amplía el espectro potencial del acuerdo más allá del tradicional upstream. “No solo hablamos de exploración y producción, sino también de refinería y gas. Estamos haciendo estudios en esas áreas”, afirmó la ejecutiva.
Anjos adelantó, además, que una delegación de Pemex tiene previsto visitar Brasil en junio para discutir los términos del posible acuerdo, lo que marca un hito en las relaciones bilaterales entre dos de las estatales más importantes del continente. La reunión, que se celebraría en las oficinas centrales de Petrobras en Río de Janeiro, buscará traducir en compromisos concretos las conversaciones preliminares sostenidas en los últimos meses.
La eventual colaboración surge en un contexto de transformación profunda en la industria energética latinoamericana, donde ambos países buscan maximizar la recuperación de sus reservas, optimizar capacidades de refinación y garantizar el suministro de combustibles ante un escenario global volátil. Para Pemex, la asociación con Petrobras —reconocida por su experiencia en aguas profundas y ultraprofundas— podría significar un salto tecnológico clave en yacimientos complejos como los del Golfo de México.
Por su parte, la estatal brasileña ve en México una puerta de entrada a nuevas áreas de exploración en una cuenca petrolera madura pero con potencial aún no del todo explotado, así como la posibilidad de diversificar sus fuentes de crudo pesado para su robusto parque de refinerías.
Analistas del sector energético consultados por esta agencia coincidieron en que la alianza, de concretarse, enviaría una señal relevante a los mercados internacionales: las nacionales petroleras latinoamericanas están dispuestas a cooperar entre sí para reducir costos, compartir riesgos y acelerar cronogramas de desarrollo, en lugar de depender exclusivamente de grandes trasnacionales o de capitales extracontinentales.
Las empresas no han divulgado aún detalles sobre plazos, volúmenes de inversión ni posibles mecanismos de asociación —como contratos de servicios, empresas mixtas o acuerdos de producción compartida—, pero fuentes cercanas a las negociaciones señalaron que el memorando de entendimiento podría rubricarse antes de finalizar el tercer trimestre del año.
La noticia cobra relevancia adicional en el marco de la transición energética, pues tanto Brasil como México han apostado por reducir la quema de gas asociado y descarbonizar sus operaciones, dos frentes donde Petrobras ha acumulado experiencia transferible y donde Pemex enfrenta desafíos ambientales y tecnológicos.













