En el municipio de Jesús Menéndez, en la oriental provincia de Las Tunas, el productor Eduardo Abreu Peña observa con satisfacción el vigoroso desarrollo de sus cerdos de capa oscura.
Frente a los animales que cría con esmero, evalúa cuánto han cambiado de un tiempo a la fecha. Los ve hermosos y vitales. Incluso, las hembras han tenido buenas camadas. Este notable progreso en su unidad productiva tiene un origen claro: la decisión estratégica de incorporar plantas oleaginosas a su sistema agrícola.
Antes no ocurría así, pero este campesino del municipio de Jesús Menéndez, en la provincia de Las Tunas, apostó por sembrar algunas plantas oleaginosas en sus tierras de San Juan, y hoy se deshace en recomendaciones a otros productores porque los beneficios son muchos.
Junto a su esposa Luisa Ruz Fuentes, son pioneros en el proyecto territorial, financiado por el Citma, Producción de plantas oleaginosas como apoyo a la implementación de la ley de soberanía y seguridad alimentaria, y no se arrepienten porque las expectativas quedaron pequeñas ante la realidad.
Se trata de un programa iniciado en el mes de julio de 2024 y coordinado por la doctora en Ciencias Raquel Ruz Reyes, profesora e investigadora del Centro de Estudios de Desarrollo Agrario de la Universidad de Las Tunas. Su objetivo fundamental es producir aceites destinados al consumo humano; pero, también resulta muy valioso para la alimentación animal, porque los subproductos aportan numerosos nutrientes en la dieta de cerdos y aves, fundamentalmente.
Eso es lo que hacen Eduardo y Luisa, quienes reprodujeron las cuatro especies en estudio –soya, maíz, ajonjolí y girasol–, y las evaluaron a través de ferias de diversidad junto a productores, investigadores y estudiantes de pregrado y posgrado del Centro Universitario Municipal, entre otros actores.
También exhiben resultados Moisés Mora Sicilia, de Puerto Padre; Kilmer Santiesteban Domínguez, de Majibacoa, y algunos productores de Jobabo y Las Tunas, pues son cinco los municipios incorporados al proyecto. Sobresale el colectivo de la Unidad Básica de Producción Cooperativa Diego Felipe, que ya logra el aceite a partir del procesamiento del ajonjolí.
“Incorporamos a diez campesinos de cada territorio y los hemos beneficiado con semillas y materiales de capacitación, además de la permanente compañía de los especialistas, porque ellos contribuyen a evaluar los diferentes cultivares”, comenta Ruz Reyes.
Agregó que esas especies se adaptan muy bien a las condiciones de sequía características de los ocho municipios tuneros, por lo que es posible incrementar las plantaciones de esos renglones, en especial de ajonjolí y girasol.
“Creo que se puede lograr una mayor producción de estos cultivos, con el apoyo del Ministerio de la Agricultura, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la propia Universidad y el Partido y el Gobierno. Producir nuestro propio aceite es un sueño realizable. Es la forma de ser soberanos y bajar esos precios que nos dañan tanto. La mayor producción de estos cultivos se logrará cuando tengamos los equipos para extraer el aceite, y para ello estamos buscando financiamiento de fuentes externas que permitan comprar esa tecnología e impulsar el proyecto”, concluyó.
La iniciativa ha generado un movimiento institucional de apoyo. La delegación territorial del Ministerio de la Agricultura (MINAG), por su parte, evalúa las áreas que se pueden incorporar a la siembra de plantas oleaginosas, a sabiendas de que en el territorio tunero ya hay muy buenas experiencias.
Según Luis Oro Torres, jefe del departamento de Cultivos Varios, el incremento se realizaría de manera paulatina, porque es una excelente opción para obtener aceite comestible, y puede consolidar la soberanía alimentaria y la seguridad alimentaria y nutricional.
Al MINAG se suman entidades del grupo azucarero Azcuba, las que acumulan experiencias en la siembra de ajonjolí, y cuentan con la tecnología requerida para la obtención del aceite. Además, aprovechan las tortas restantes para la nutrición de los animales.
La idea es incorporar a otros campesinos para, de manera paralela, impulsar también la producción de huevos y carne. Esas especies se adaptan bien a los suelos de baja capacidad productiva típicos de esta región oriental y son resistentes a plagas y enfermedades, otras razones para multiplicar voluntades, semillas, posturas, plantaciones y cosechas, sentando las bases para un desarrollo agroindustrial local sostenible.













