La Empresa Cemento Siguaney, ubicada en el centro de Cuba, se ha convertido en un bastión de la resistencia industrial y la creatividad empresarial, al mantener sus producciones pese a un horno en condiciones críticas y un contexto de limitaciones de recursos que golpea al sector cementero nacional.
La industria, que fue clave en los inicios del programa gubernamental de construcción de parques solares fotovoltaicos por su aporte de materias primas, arrastra desde hace más de media década graves deterioros en su infraestructura refractaria, lo que ha obligado a los trabajadores a ingeniárselas para no detener totalmente las operaciones.
“Trabajamos de forma intermitente, pero no podemos dormir tranquilos. El país demanda más cemento del que entregamos y sabemos que tenemos potencial para crecer”, confesó a la prensa el ingeniero Gonzalo Reina Aguilar, director de la fábrica.
La solución más efectiva hallada hasta ahora ha sido la producción de cemento refractario, una mezcla artesanal que permite sellar las zonas más dañadas del horno donde el ladrillo original ya no cumple su función. No obstante, Reina Aguilar advierte que se trata de un parche provisional y no de la cura definitiva.
La luz al final del túnel podría llegar en los próximos meses. La dirección del grupo empresarial al que pertenece la fábrica logró la aprobación de un financiamiento para adquirir ladrillos refractarios en el extranjero, lo que, de concretarse, cambiaría radicalmente el panorama productivo en el segundo semestre de 2026.
Apuesta por las renovables y la eficiencia energética
Aunque la naturaleza de su proceso fabril impide que la producción de cemento funcione íntegramente con energías limpias, la empresa se ha posicionado como pionera en la provincia espirituana en el uso de fuentes renovables.
Tres parques solares, de 8, 15 y 20 kilovatios, operan ya en sus instalaciones, y un cuarto sistema, también de 20 kilovatios, se encuentra en proceso de montaje. El Centro de Capacitación y el área de Autoconsumo funcionan actualmente con paneles fotovoltaicos.
En paralelo, con el respaldo académico de la Universidad de Sancti Spíritus, se construye un sistema de biogás en la finca agropecuaria de la empresa que cubrirá toda la demanda energética para la cocción de alimentos del comedor, donde diariamente comen cerca de 400 personas.
Autosuficiencia alimentaria: lección aprendida
La fábrica vivió hace algún tiempo una sangría de personal calificado, motivada en gran medida por las carencias en la alimentación. Hoy, esa historia ha cambiado radicalmente gracias a un proyecto de autoconsumo que arrancó hace cuatro años en tierras de baja calidad, pero que con esfuerzo y constancia ha logrado revertir la situación.
Ariel Francisco García, responsable del área, relata que actualmente la finca produce viandas, hortalizas, granos y frutales en abundancia, y ha desarrollado la cría de más de 200 cerdos, 100 carneros, gallinas ponedoras y peces.
“Lo que sobra del comedor lo vendemos a los trabajadores y también hemos participado en ferias municipales para abastecer a la población. Somos apenas 18 personas, pero hemos demostrado que se puede”, afirma con satisfacción.
Más que cemento: diversificación y servicios
Consciente de que no puede depender únicamente de la producción de cemento, la empresa ha diversificado sus líneas con la elaboración de morteros y otros derivados, buscando nuevas fuentes de ingresos que ayuden a sostener la operación.
Las instalaciones cuentan además con una cafetería de precios módicos para los trabajadores, y los directivos evalúan ampliar los servicios que ofrecen a la comunidad circundante.
En un contexto nacional donde la industria cementera enfrenta serias dificultades, Cemento Siguaney emerge como un caso digno de estudio: una fábrica que, pese a las adversidades técnicas, la fuga de talentos y el cerco financiero, ha sabido mantener el pulso productivo a base de inventiva, trabajo en equipo y una visión integral que va mucho más allá del cemento.
El reconocimiento de las máximas autoridades del Partido y el Gobierno a la provincia de Sancti Spíritus no es casualidad. Empresas como Siguaney demuestran que, cuando la creatividad y la voluntad se conjugan, incluso un horno viejo puede seguir dando calor a la economía cubana.













