
Bancarización: Un gato sin cascabel
Era fin de semana y las horas en las afueras del salón de operaciones se dilataban. El tiempo de espera resultaba más del calculado por la acompañante, y el reloj biológico insistía en la necesidad de comer para no desmayar. Pero alimentarse en aquella institución de Salud no fue sencillo: cercano al hospital, nadie aceptaba transferencias ni pagos en línea.














