Desarrollan en Villa Clara más de 28 proyectos científicos para revitalizar agroindustria azucarera cubana

Con 28 proyectos de investigación en ejecución —entre nacionales y territoriales—, el Instituto de Investigaciones de la Caña de Azúcar (INICA) de Villa Clara trabaja en la introducción de nuevas variedades del cultivo, el mejoramiento de la sanidad vegetal y el desarrollo de prácticas agroecológicas, como parte de su encargo social para revitalizar la agroindustria azucarera cubana.

La provincia de Villa Clara, históricamente vinculada a la producción de caña y azúcar, se erige hoy como sede de un movimiento científico que busca devolver a este cultivo tradicional el sitial que le corresponde en la economía nacional. El INICA, con décadas de experiencia acumulada, concentra sus esfuerzos en dar respuesta a los principales desafíos que enfrenta el sector: bajos rendimientos, afectaciones fitosanitarias y la necesidad de transitar hacia modelos de producción más sostenibles.

Irenaldo Delgado Mora, director de la institución, explicó a la prensa que los estudios priorizan la evaluación constante de nuevos cultivares adaptados a las principales plagas y enfermedades que afectan la caña, un proceso complejo pero esencial para mantener la productividad del sector; junto a ello, impulsan investigaciones vinculadas a la sanidad vegetal y al aporte de tecnologías limpias para la única empresa agroindustrial azucarera orgánica del país Carlos Baliño.

Precisamente, el acompañamiento científico a la empresa Carlos Baliño constituye un ejemplo de cómo la investigación puede insertarse en la producción real. Allí, las soluciones que aporta el INICA no solo reducen el impacto ambiental, sino que también permiten acceder a nichos de mercado diferenciados para el azúcar orgánico, una ventaja apreciable en el contexto internacional actual.

Asimismo, comentó, el centro tiene bajo su responsabilidad el único referente internacional de suelo en Cuba, un espacio donde se exhiben monolitos representativos de los principales tipos de tierra donde se cultiva la caña en el país; este acervo, en convenio con universidades y centros educativos, permite realizar pasantías estudiantiles y fomentar la formación vocacional de los jóvenes, además de contribuir a la cultura ambiental mediante un museo natural de suelos que aspiran a perfeccionar hasta 2027.

Ese referente internacional, único de su tipo en la nación, atrae la atención de especialistas foráneos y constituye una herramienta didáctica invaluable para las nuevas generaciones. Los jóvenes que se acercan a este museo natural no solo aprenden sobre la tierra donde crece la caña, sino que también comprenden la importancia de conservar los recursos edáficos para el futuro de la agricultura cubana.

Desde el punto de vista investigativo, la entidad ha asumido el reto de sostener sus líneas de trabajo a pesar del complejo contexto económico; Aidyloyde Bernal Villegas, doctora en Ciencias Agrícolas, presidenta del Consejo Científico de la red INICA en Cuba y miembro de la Academia de Ciencias, detalló cómo se han reelaborado las formas de hacer y trabajar a distancia o con semipresencialidad, gracias a un colectivo que no ha dejado de cumplir metas ni planes de trabajo.

La COVID-19 primero, y la agudización del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos después, obligaron a los investigadores a repensar sus metodologías. Sin embargo, la creatividad y el compromiso del colectivo del INICA han permitido mantener activos los frentes científicos, con un aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles y una articulación creciente con otros actores del territorio.

La investigadora dirige además el Programa Territorial de la Agroindustria en Villa Clara y un proyecto nacional dedicado a la producción de un bioproducto estimulador y protector de cultivos, obtenido a partir de residuos de la propagación in vitro de la caña de azúcar; ese producto, aún sin registrar y provisionalmente llamado fenol, ha mostrado resultados prometedores en el desarrollo y protección de diferentes cultivos, y se trabaja para registrarlo bajo el nombre de Biocañafel.

Este bioproducto, que nace de la lógica de la economía circular al aprovechar residuos de un proceso biotecnológico, abre un abanico de posibilidades no solo para la caña, sino también para otros cultivos de importancia estratégica para la seguridad alimentaria del país. Los ensayos realizados hasta el momento avalan su efectividad como estimulador del crecimiento y como protector frente a determinadas afecciones.

De igual forma, precisó Bernal Villegas, trabajan en la introducción de este bioproducto en articulación con el Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales, ubicado en el villaclareño municipio de Santo Domingo, con campesinos de los alrededores, con entidades productoras del sector azucarero en casi todos los territorios de la central geografía y con productores del movimiento político productivo 90 por 90 en Camajuaní.

La estrategia de introducción del Biocañafel demuestra la voluntad del INICA de salir del laboratorio y llegar al campo, de la mano de los productores reales. La alianza con el movimiento 90 por 90, que agrupa a campesinos comprometidos con altos rendimientos en medio de limitaciones de insumos, resulta particularmente significativa para validar la efectividad del producto en condiciones de producción comercial.

Mediante la validación del resultado, que se realiza junto a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas a través de tesis de grado, y la proyección de darle continuidad a esta línea durante 2027 y 2028, se responde a la necesidad de producir alimentos orgánicos bajo principios agroecológicos sin renunciar a altos volúmenes de producción.

La articulación con la educación superior no solo enriquece el proceso investigativo, sino que también contribuye a la formación de las nuevas generaciones de científicos cubanos. Los estudiantes que participan en estas validaciones adquieren habilidades prácticas y se incorporan tempranamente a las lógicas de la investigación aplicada, un valor añadido que trasciende los resultados inmediatos del proyecto.

El Instituto de Investigaciones de la Caña de Azúcar, un centro vanguardia nacional por cuatro años consecutivos y cuyo colectivo ostenta la medalla Jesús Menéndez, demuestra que la ciencia aplicada al sector azucarero puede sortear las limitaciones impuestas por la crisis y el bloqueo, y seguir aportando soluciones concretas para la agricultura y la agroindustria cubanas.

El reconocimiento de vanguardia nacional, alcanzado durante cuatro años seguidos, no es casualidad. Detrás de ese título hay jornadas de trabajo intenso, limitaciones sorteadas con ingenio y, sobre todo, resultados palpables que impactan positivamente en un sector vital para la economía del país. La medalla Jesús Menéndez, que luce con orgullo el colectivo, simboliza el compromiso de estos científicos con la causa de la Revolución Cubana y con el desarrollo sostenible de su tierra.

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