Soberanía alimentaria: Soya cubana INCASOY-1 impulsa proyecto agroecológico en Isla de la Juventud

En la finca La Reina, ubicada a unos 20 kilómetros de esta ciudad, la variedad de soya INCASOY-1 —seleccionada por el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA)— sustenta un proyecto integral que combina sostenibilidad, innovación tecnológica y cooperación comunitaria, con el objetivo de fortalecer la soberanía alimentaria y la sustitución de importaciones.

Osmar Garcés, usufructuario al frente de la iniciativa, dijo en exclusiva a la Agencia Cubana de Noticias que se eligió esta semilla por su resistencia a la sequía y su fácil germinación en suelos sueltos, además ha demostrado rendimientos superiores a las expectativas iniciales, con cosechas de 2.0 a 2.5 toneladas por hectárea (t/ha). Su adaptación a las condiciones locales la convierte en un cultivo estratégico.

El sistema de cultivo se realiza bajo prácticas agroecológicas estrictas. “El cultivo se realiza bajo prácticas agroecológicas que incluye la fertilización con abonos orgánicos de origen animal —principalmente gallinaza y estiércol de carnero, chivo y vaca—, rotación de cultivos dos veces al año y control biológico de plagas mediante bioles, lixiviados de lombriz y microorganismos eficientes, elaborados in situ”, comentó. Subrayó que estos métodos además de garantizar la salud del suelo, aportan nitrógeno y otros nutrientes esenciales para la diversificación agrícola, cerrando ciclos naturales y minimizando los insumos externos.

La transformación primaria del grano se lleva a cabo con un enfoque local. “Mantengo el procesamiento de la soya de forma artesanal, después de remojar el grano, se licúa, se cuela y se hierve, lo que me permite obtener alrededor de 10 litros de leche por cada kilogramo de soya”, aseguró el campesino perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios “Grito de Baire”. Destacó que el surtido es bien recibido en la comunidad por su sabor agradable y la posibilidad de incorporar variantes como fresa o naranja, demostrando su aceptación y potencial comercial directo.

Con visión de futuro, el proyecto busca escalar su impacto. “Agregó que, en la actualidad, la leche se encuentra en proceso de análisis en laboratorio, con vistas a su futuro procesamiento industrial en el combinado lácteo”. Este paso forma parte de un encadenamiento productivo que incluye, además, la distribución y comercialización del producto terminado, a cargo tanto de la empresa estatal como de los productores que participan en la cadena, precisó.

La diversificación de derivados es otro eje de desarrollo. Explicó que la iniciativa también explora otros mercados, aunque la máquina disponible para la extracción de aceite es pequeña y poco eficiente, se lograron volúmenes iniciales y obtuvieron subproductos como tortas de soya y piensos para animales, estos derivados, altamente proteicos, son bien recibidos y representan un aporte clave en la sustitución de importaciones. “Uno de los retos principales es la decisión técnica y cultural de destinar la soya a la leche o al aceite, ya que en procesos artesanales no es posible obtener ambos productos simultáneamente, en la industria, la maquinaria permite conservar el cotiledón y aprovecharlo en diferentes líneas de producción, lo que otorga mayor flexibilidad”, expuso Garcés.

La economía circular es un principio rector del proyecto. Apuntó que el convenio con el combinado lácteo incluye la devolución del residuo de la leche a la finca, donde se utilizará en la elaboración de piensos, ese subproducto se adaptará a distintas especies de animales y necesidades nutricionales, a fin de reforzar la cadena productiva de la soya en el territorio.

La expansión se consolida mediante el trabajo en red. Actualmente, el proyecto cuenta con cuatro ha destinadas a la rotación de la siembra dentro de mi finca de 16.0 ha y pretendo expandir el cultivo a 8.0 ha en 2026; además, cinco campesinos se sumaron al proyecto, lo que permitirá disponer de 25.0 a 30.0 ha para el cultivo en el año; entre quienes destacan Raúl Fuentes, Miguel García —que ya realiza pruebas de germinación—, Esnoide Pantoja, Mario Rivero y Alejandro Escalona, el último, productor con experiencia en soya desde hace años, refirió.

Acotó que, con esta red de productores y la articulación con empresas avícola y pesquera, la soya se perfila como un pilar esencial para la producción de alimentos balanceados, la seguridad alimentaria y la sustitución de importaciones en Cuba, sentando las bases de un modelo replicable en otros territorios.

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