Santiago de Cuba impulsa programa arrocero en zonas montañosas

Con más de 200 000 habitantes asentados en zonas rurales y del Plan Turquino, Santiago de Cuba se erige como la segunda provincia más poblada del país y la de mayor accidente geográfico, condiciones que no han sido obstáculo para el desarrollo de programas estratégicos vinculados a la soberanía alimentaria.

En ese empeño, el cultivo del arroz ha cobrado un impulso sostenido en los últimos cinco años, con la incorporación de nuevos productores en la mayoría de los municipios, como parte de una política dirigida a acercar la oferta a las demandas de consumo de una población que supera el millón de habitantes.

En declaraciones a Granma, Eliover Zapata Hidalgo, delegado del Ministerio de la Agricultura (MINAG) en el territorio, precisó que la particularidad demográfica y geográfica del territorio ha demandado un rediseño de las estrategias productivas, con énfasis en la búsqueda de alternativas que permitan aprovechar las potencialidades locales.

No obstante, en función de la soberanía y la seguridad alimentaria, se potencian los programas agropecuarios, incluyendo el arrocero, al que en el último quinquenio se han sumado varios productores en la mayoría de los municipios, dijo el funcionario. Esa voluntad de expansión ha comenzado a reflejarse en los circuitos comerciales, donde el llamado arroz criollo gana espacios frente al importado.

“Ya vemos en las ferias el llamado arroz criollo entre los 190 y 230 pesos, porque el importado cuesta hasta más de 300”, aseguró María González de La Fe, quien ha escuchado de boca de los vendedores que es santiaguero y no de Yara, en la provincia de Granma. La referencia de esta consumidora evidencia no solo la aceptación del cereal producido localmente, sino también la importancia de que la población identifique el origen de lo que lleva a su mesa.

Intensificación y nuevas tierras en función del cereal

El programa arrocero en estos lares se encuentra en un proceso de intensificación y ampliación. Estructuras del sector cooperativo-campesino se incorporan a él, y se entregan tierras ociosas a quienes la soliciten para el cultivo.

En los municipios de Contramaestre, Mella, San Luis y Palma Soriano, que por sus condiciones hidrográficas clasifican como polos productivos, los resultados ya son palpables. Estas demarcaciones concentran las mayores extensiones dedicadas al grano y en ellas se han concentrado inversiones y acompañamiento técnico.

Para suplir las 47 500 toneladas (ton) que anualmente consumen los santiagueros, sería necesario cultivar 25 000 hectáreas del demandado cereal, con un rendimiento entre las dos y 2.5 ton. “Nosotros teníamos pequeños espacios, pero ahora se trata de dedicar grandes extensiones para su producción y paulatinamente ir solventando su déficit”, acotó el delegado del MINAG. El enfoque actual apuesta por dejar atrás la fragmentación y transitar hacia una lógica de mayores escalas, en correspondencia con las potencialidades de cada territorio.

Hasta hace poco se creía que en tierras montañosas y de secano no se podía cosechar arroz y la práctica ha demostrado lo contrario. En la Unidad Básica de Producción Cooperativa El Encanto se dedican 500 hectáreas, y para su atención se creó un grupo asesor que contribuirá al desarrollo en la suroriental región. La experiencia de esta entidad se ha convertido en un referente para otras zonas que históricamente habían quedado al margen del cultivo arrocero por sus condiciones edafoclimáticas.

Unas 1 300 hectáreas –localizadas en Contramaestre, Songo-La Maya y Mella–, ya muestran resultados importantes. Se formalizó el Grupo Provincial Arrocero, que se encargará del seguimiento y control del programa, teniendo como entidad rectora a la Empresa de Granos Palma Soriano. Asimismo, se proyectan inversiones, se realizan estudios de suelos y se suman usufructuarios jóvenes. La articulación entre la empresa rectora, los gobiernos locales y los productores constituye uno de los pilares para sostener la expansión del cultivo.

Medidas de estímulo y respaldo a los productores

En el empeño por consolidar el programa, las autoridades han implementado un paquete de medidas que abarca desde las modalidades de contratación hasta el acceso a medios mecanizados.

“Tenemos la responsabilidad de fomentar la actividad y para ello se han aprobado medidas que incluyen los contratos de producción cooperada, tanto con personas jurídicas como naturales”, aseveró Orlando Linares Morel, presidente del Grupo Agrícola del MINAG. Esta flexibilidad en las formas de vinculación busca incentivar la participación de diversos actores económicos, incluyendo a los usufructuarios individuales y las cooperativas.

A los productores líderes se les entregan entre 50 y 200 hectáreas, con la posibilidad de realizar importaciones de máquinas cosechadoras. “El pasado año se logró la adquisición de 99 tractores, implementos agrícolas y un paquete tecnológico. Igualmente, tienen la posibilidad de que en los talleres de las diferentes entidades del sector puedan arreglar sus equipos y arrendar los que necesiten, conforme a la disponibilidad”. Este programa, agregó el funcionario, ofrece la posibilidad a los productores de vender –al Comercio Interior– no solo arroz, sino también granos como el maíz y el frijol, con sus respectivos pagos en divisas. Además, se pueden importar drones por medio de GEOCUBA.

Voces desde los surcos: innovación, familia y constancia

En pleno corazón de la Sierra Maestra, Alexander Naranjo Pérez tiene el alma aferrada a la tierra y la mirada puesta en el porvenir. Este noble campesino se ha convertido en pionero e impulsor de la siembra de arroz en estas imponentes montañas. Su trayectoria ilustra cómo la combinación de tradición campesina y técnicas adaptadas a las condiciones locales puede revertir viejos prejuicios sobre lo que es posible cultivar en zonas de difícil acceso.

En tiempos en que el agua escasea, Alexander apuesta por técnicas agroecológicas que preservan la tierra, optimizan recursos y aseguran este y otros alimentos. Este tipo de cultivo ha demostrado ser una solución eficaz para garantizar la seguridad alimentaria en zonas del municipio de Tercer Frente. Lo que hace diferente a Alexander no es solo su destreza como productor, sino su ejemplo como líder natural, referente comunitario y constructor de esperanza. En su finca no solo se habla de tradición, sino además de resiliencia, sostenibilidad y eficiencia.

Porque si algo ha demostrado, es que la innovación no siempre nace en laboratorios. Muchas veces brota desde el surco, donde la semilla y el sueño se encuentran. Alexander y su familia se caracterizan por su humildad y no buscan protagonismo, “pero ser un referente en nuestro municipio nos enorgullece y compromete. Somos una familia que se sustenta en lo alimenticio y aporta a la sociedad”.

A unas decenas de kilómetros, Laritza Brizuela López ha consagrado su vida a producir alimentos para el pueblo. “Es mi mayor objetivo y compromiso, como lo es para todos los que estamos en la finca La Maravilla, donde el rendimiento por hectárea está sobre las dos toneladas”.

Laritza, asociada a la Cooperativa de Créditos y Servicios Ruta Invasora, señaló que “yo misma enfrenté escepticismo por ser mujer, pero con persistencia y apoyo familiar, he logrado que esta tierra alimente a mi comunidad”.

Su madre e hijo conforman su equipo. “Juntos demostramos que la tierra no distingue de géneros, y que no basta con producir. Hay que vincular educación técnica, créditos flexibles y mercados justos”. El testimonio de Laritza evidencia también el relevo generacional y el papel de la mujer en un sector tradicionalmente masculinizado, así como la importancia de crear condiciones integrales que acompañen el esfuerzo productivo.

Como usufructuario de 28 hectáreas, pertenecientes a la Unidad Empresarial de Base Agropecuaria Julio Antonio Mella, Germán Lamas se enfocó en combinar su experiencia como trabajador del campo con los conocimientos del esposo de una sobrina, que es ingeniero agrícola, para sacar la finca adelante y cosechar arroz en un municipio donde esta práctica era casi nula.

“Hemos acopiado más de cuatro toneladas, que se han vendido en la feria agropecuaria”. Este caso refleja cómo la alianza entre experiencia práctica y formación técnica puede acelerar los resultados en contextos donde el cultivo del arroz no tenía tradición.

Así, sumando hombres, mujeres y hectáreas santiagueras al cultivo de uno de los alimentos imprescindibles en la mesa de los cubanos, avanza el programa. En la medida en que aumente la producción –y se consoliden los mecanismos de contratación y comercialización–, la oferta irá estrechando el margen con respecto a la demanda.

El desafío para los próximos años consiste en sostener el ritmo de incorporación de tierras, garantizar el acompañamiento técnico y financiero, y perfeccionar los circuitos de comercialización para que el fruto del esfuerzo de los productores llegue de manera estable a la población.

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