En la provincia de Camagüey, se consolida un modelo pionero de gestión que integra el conocimiento científico con la planificación turística, bajo el propósito fundamental de garantizar la sostenibilidad y la resiliencia de los ecosistemas costeros. El proyecto Turismo Azul Resiliente, liderado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) en el territorio, demuestra la capacidad de la ciencia cubana para diseñar soluciones concretas que protegen el capital natural y, a la vez, generan productos económicamente viables con una visión de futuro.
La iniciativa, presentada en el marco de la Jornada por el Día de la Ciencia, refleja cómo la investigación aplicada protege el capital natural y genera productos innovadores con visión de futuro. Este enfoque integral ha permitido avanzar en múltiples frentes de trabajo, desde la planificación estratégica hasta la acción comunitaria, estableciendo un protocolo de gobernanza ambiental aplicable a escala local.
El componente de Planificación Estratégica alcanzó resultados concretos con la conformación final de programas, planes de acción y un sistema de indicadores listos para su implementación y control. Además, concluyó la investigación de mercado y el estudio de factibilidad del producto turístico denominado “Club Cliente Azul”, que estableció las bases comerciales para su despliegue. Estos instrumentos proporcionan el marco necesario para una ejecución ordenada y evaluable de las políticas de turismo sostenible.
La protección del patrimonio natural constituye un pilar esencial. El proyecto definió y mapeó dos variantes para los límites de un área protegida costera. También actualizó el diagnóstico de ecosistemas críticos como arrecifes de coral y playas, y elaboró dos Tareas Técnicas específicas para rehabilitar dunas, barreras naturales que resultan vitales contra la erosión. Este trabajo de delimitación y diagnóstico es fundamental para cualquier estrategia de conservación y uso racional de los recursos.
La investigación y generación de conocimiento se fortalecieron con un estudio de percepción social sobre las praderas de Thalassia, conocidas como pasto marino. Se concluyó la clasificación y propuesta de la marca “TuAzul”, que inició su proceso de registro legal ante la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial (OCPI). El vínculo académico aportó la defensa exitosa de dos Trabajos de Diploma y la creación de dos nuevos materiales didácticos. Este esfuerzo conecta la investigación pura con la creación de propiedad intelectual y la formación de nuevas generaciones de profesionales.
La capacitación y educación ambiental alcanzaron un impacto notable. El proyecto consolidó capacidades en grupos meta y mantiene en funcionamiento estable dos Círculos de Interés. Además, organizó tres Concursos Infantiles y ejecutó más de veinte acciones de formación dirigidas a profesores, estudiantes universitarios y otros actores comunitarios. La sostenibilidad a largo plazo del modelo depende precisamente de este trabajo de sensibilización y empoderamiento local.
La estrategia de comunicación y divulgación permitió dar a conocer los avances. Se publicaron siete trabajos periodísticos, dos reportajes televisivos, un programa radial, dos entrevistas y cinco conferencias especializadas. Esta labor es clave para socializar el conocimiento, generar apropiación social del proyecto y replicar sus experiencias.
Actualmente, el proyecto se encuentra en una fase crucial de socialización e implementación. Esta etapa incluye la divulgación de los programas, planes e indicadores ya conformados, así como los resultados del estudio de mercado y factibilidad del “Club Cliente Azul”. En paralelo, avanzan los trámites administrativos y legales. Se elaboró el expediente para presentar las variantes de límites del área protegida a la Junta Provincial y continúa el proceso de registro de la marca “TuAzul” ante la OCPI.
Según la revista Excelencias, el modelo combina rigurosidad científica, protección ambiental, creación de marca y educación comunitaria. Se presenta como una respuesta concreta al desafío global de construir resiliencia costera en un contexto de cambio climático. Para observadores internacionales, Camagüey demuestra cómo la política científica nacional puede traducirse en un esquema de gobernanza local efectivo. La sostenibilidad se convierte en un protocolo de acción medible con participación social.
El proyecto Turismo Azul Resiliente del CITMA en Camagüey proyecta una hoja de ruta valiosa para el Caribe. Cuba se posiciona como un laboratorio vivo de adaptación climática donde la protección de la biodiversidad constituye el principal activo para un desarrollo turístico duradero y responsable. Esta experiencia trasciende el ámbito local para ofrecer lecciones sobre cómo alinear la conservación con el desarrollo económico en regiones insulares especialmente vulnerables.













