En el oriente cubano, una alianza entre el Ministerio de la Agricultura (Minag) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con respaldo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, mantiene activa una estrategia de recuperación basada en la naturaleza.
El Proyecto Agropaisajes Sostenibles, implementado por el Minag y la FAO con apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, impulsa la producción de agentes biológicos para el control natural de plagas y fortalece a productores del oriente cubano mediante prácticas agroecológicas tras el huracán Melissa.
El fenómeno meteorológico dejó severos daños en cultivos clave de la región, pero la respuesta no se centró en insumos químicos, sino en potenciar la infraestructura biológica existente. Según precisó la página web del Minag, con este aporte, los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos recibieron insumos básicos de laboratorio que elevaron la calidad y cantidad de bioproductos aplicados en cultivos de café, cacao y coco. Estos centros constituyen una red estratégica para la transición agroecológica del país.
La coordinadora de Agropaisajes Sostenibles, Yolanis Rodríguez Gil, especialista del Instituto de Investigaciones Agroforestales, declaró que en la Subestación Buey Arriba se logró reproducir el parasitoide que controla la broca del café, utilizando 3 200 granos infestados como base. Ese logro representa una alternativa efectiva frente a una de las plagas más agresivas para el grano, reduciendo la dependencia de insecticidas sintéticos.
En esa instalación se produjeron además 235 litros de biol, fertilizante orgánico que mejora la salud del suelo, y 75 litros de lixiviado de raquis de plátano, abono rico en potasio con potencial uso agrícola y pecuario. Ambos insumos, obtenidos a partir de residuos orgánicos, cierran ciclos productivos y disminuyen la contaminación de acuíferos.
En Guantánamo, específicamente en Baracoa, se obtuvieron 0.6 toneladas de Trichoderma y Beauveria bassiana, hongos beneficiosos aplicados en posturas y plantaciones para proteger los cultivos de plagas de manera sostenible. Estos microorganismos actúan como biopesticidas, atacando a los insectos dañinos sin afectar a polinizadores ni a otros componentes del ecosistema.
Estas acciones favorecieron a 13 bases productivas de los municipios de Buey Arriba, Guisa y Bartolomé Masó, que abarcan unas 3 574 hectáreas, permitiendo responder de forma efectiva a los daños ocasionados por el huracán Melissa. La superficie intervenida demuestra cómo la agroecología puede escalar más allá de parcelas experimentales y convertirse en solución territorial.
Productores y técnicos coincidieron en que la disponibilidad de recursos y medios de protección hizo más eficiente y seguro el trabajo en laboratorios y campos, reduciendo el uso de pesticidas químicos y preservando la salud del suelo y del agua. El testimonio de los implicados refleja un cambio de paradigma: lo natural no es solo viable, sino también rentable y protector del entorno.
Según datos del proyecto, más de 15 000 personas, entre ellas 3 300 mujeres, se benefician directamente con estas acciones orientadas a consolidar sistemas productivos sostenibles en cultivos estratégicos del oriente cubano. La perspectiva de género, además, evidencia cómo el empoderamiento femenino resulta indispensable en los procesos de transformación rural.













