El maestro Sean Robinson, de 54 años, conductor habitual en la capital estadounidense, no fue consciente de la magnitud del encarecimiento de la gasolina hasta que detuvo su vehículo ante el surtidor el pasado viernes. “Es un salto considerable”, declaró a la Agencia AFP mientras señalaba un letrero de neón que marcaba 3.27 dólares por galón de gasolina regular (3.8 litros).
Robinson encarna a millones de consumidores en Estados Unidos que comienzan a sentir el impacto del alza de los costos energéticos, una escalada desencadenada por la creciente tensión entre Estados Unidos e Israel con Irán. La escalada bélica en Medio Oriente disparó esta semana un 30 por ciento la cotización del crudo en los mercados internacionales, después de que Teherán bloqueara de facto el estratégico estrecho de Ormuz como represalia por los ataques recibidos.
El repunte de los precios de los combustibles irrumpe en un momento de alta sensibilidad política para el presidente Donald Trump, cuando se acercan las elecciones de mitad de mandato y el bolsillo de los votantes se convierte en el termómetro electoral por excelencia. El encarecimiento de la gasolina podría, además, llevar al banco central estadounidense a moderar el ritmo de los recortes de las tasas de interés en la mayor economía del mundo, justo cuando libra su batalla contra una inflación que se resiste a ceder.
Desde la semana anterior, el precio nacional promedio del combustible en Estados Unidos ha experimentado un incremento del 11 por ciento, según el indicador de la AAA, la asociación automovilística que referencia el sector. Esta evolución al alza es el tipo de movimiento que, según Robinson, le obligará a replantearse sus hábitos y a prescindir de todo aquello que no sea estrictamente necesario. «Básicamente determina lo que voy a hacer en el día a día», explicó el docente. “Prácticamente empezar a pensar en ver Netflix, quedarme en casa en lugar de quemar gasolina”, resumió con resignación.
En la misma estación de servicio, otras voces coincidieron con el diagnóstico de Robinson. Washington, una profesional de las finanzas que prefiere no dar su nombre completo, explicó que el gasto en combustible no es un capítulo prescindible en su economía doméstica. Ante la subida de precios, se ha visto forzada a realizar recortes en otras partidas del presupuesto familiar. Eso, señaló, se convierte en un problema acuciante para ciudadanos ya castigados por años de carestía tras la pandemia.
“Ese es el punto clave: está afectando las necesidades básicas de todo el mundo», añadió. «Son las necesidades básicas. La supervivencia diaria: comida, agua, vivienda”, sentenció.
La inflación en Estados Unidos alcanzó un pico del 9.1 por ciento durante la emergencia sanitaria global. Aunque desde entonces se ha moderado, los analistas económicos advierten sobre los riesgos latentes de un nuevo repunte. “La inflación ya mostraba signos de incremento antes del salto en los precios de la energía”, señaló a este medio la economista jefe de KPMG, Diane Swonk. “Eso ha dejado a los consumidores de mal humor”, agregó la experta.
Swonk advirtió que el aumento de los precios de los combustibles añade “sal a la herida” para los estadounidenses de menores ingresos, un colectivo que ya enfrenta costos más elevados en la atención sanitaria y un progresivo ajuste de las prestaciones sociales bajo la administración Trump.
El presidente Trump, quien se ha jactado en repetidas ocasiones de la caída de los precios del petróleo durante su mandato, intentó abordar el impacto político de esta coyuntura el viernes. En declaraciones a la CNN, el mandatario expresó su esperanza de que los precios descendieran rápidamente para mitigar el desgaste. Su formación, el Partido Republicano, ostenta una ajustada mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.
Con las elecciones de mitad de mandato previstas para noviembre, la estrategia de la Casa Blanca pasa por evitar que el ajuste de los presupuestos familiares termine por erosionar su posición política en el Capitolio.
El “doble mandato” de la Fed en entredicho
Trump podría enfrentar complicaciones adicionales si la inflación derivada de la subida de la gasolina conduce a la Reserva Federal (Fed) a responder manteniendo las tasas de interés en niveles elevados.
El banco central estadounidense opera con un doble mandato: mantener la estabilidad de precios y velar por el pleno empleo. Su principal herramienta para lograrlo es el ajuste de los tipos de interés. Subirlos suele enfriar la actividad económica al encarecer el crédito y presiona la inflación a la baja, mientras que bajarlos puede estimular la actividad en un mercado laboral debilitado.
La perspectiva de una inflación persistente debido al encarecimiento del petróleo hace surgir el espectro de lo que algunos analistas califican ya como un escenario de pesadilla para la política monetaria. “Esto no podría llegar en un peor momento para la Reserva Federal”, insistió Swonk, de KPMG. “Ahora se enfrenta a un doble mandato en conflicto, con el riesgo de que la inflación no solo persista, sino que cobre fuerza”, explicó la economista.
Al abordar el viernes el encarecimiento de la energía en el país, el gobernador de la Reserva Federal Christopher Waller restó importancia al fenómeno en una entrevista con Bloomberg TV. Waller consideró poco probable que estos aumentos puntuales “provocaran una inflación sostenida” a medio plazo. Sin embargo, este análisis supone un pobre consuelo para muchos estadounidenses golpeados incluso por un episodio transitorio de subidas de precios en su día a día.
“Una cosa tras otra, es un caos, ya sabes, todos los días”, expresó Lucas Tamaren, de 32 años, mientras repostaba en una gasolinera de Los Ángeles. “Vivir en Estados Unidos se siente impredecible y caótico, y es duro”, reflexionó el joven californiano.
De regreso a la capital, Robinson, el maestro, afirmó que ahora estará pendiente de los precios de la gasolina a diario. Está convencido de que las presiones sobre los costes se reflejarán finalmente en las urnas el próximo noviembre. “Cuanto más pagues gasolina cara, comida más cara”, sostuvo. Ante esa ecuación, los votantes, concluyó, “empezarán a darse cuenta” de que la clase media, lejos de prosperar, se está encogiendo.













