El Ministerio de la Agricultura (MINAG) confirmó que Cuba se ha fijado como meta para el presente año la siembra de 200 mil hectáreas de arroz, de las cuales 61 035 corresponden a la campaña de frío y 138 965 a la de primavera, según informó el ingeniero agrónomo Israel Lugo Hernández, especialista principal del arroz del Grupo Empresarial Agrícola (GAG).
El directivo, en declaraciones al sitio web del MINAG, precisó que los objetivos para 2026 suponen un incremento sustancial respecto a los resultados obtenidos durante 2025, cuando se lograron sembrar 122 990 hectáreas, superando las 100 mil previstas inicialmente.
“Estaban comprometidas con producir 97 685 toneladas de arroz para el consumo y se lograron 111 528 toneladas, con destino al MINCIN, mercados agropecuarios, turismo, insumos productivos, semilla y otros destinos”, puntualizó.
Pese al cumplimiento y sobrecumplimiento de los planes precedentes, las autoridades reconocen que la producción nacional aún resulta insuficiente para cubrir la demanda interna del cereal, uno de los de mayor consumo en la dieta de los cubanos.
Un programa estratégico afectado por el bloqueo y la pandemia
La ingeniera agrónoma Laudelina Lugo Pérez, también especialista del GAG, contextualizó los actuales desafíos del programa arrocero cubano y recordó que la isla llegó a registrar niveles de producción superiores antes del recrudecimiento de las sanciones estadounidenses.
“Cuba es uno de los países grandes consumidores de arroz. Y teniendo en cuenta eso, el gobierno siempre ha llevado a cabo un programa arrocero. Hay que decir que, entre el 2012 y el 2018, logramos llegar a 304 mil toneladas de arroz consumo”, señaló la especialista.
Sin embargo, a partir de 2019 el programa experimentó un retroceso significativo. “Pero, a partir de 2019, con el recrudecimiento del bloqueo yanqui, y posteriormente, con las afectaciones provocadas por la covid-19, la nación se vio imposibilitada de seguir ese ritmo, dadas las dificultades existentes para adquirir los insumos”, explicó Lugo Pérez.
Las limitaciones para acceder a fertilizantes, combustibles, maquinaria y otros recursos en el mercado internacional han impactado directamente en los rendimientos y en la capacidad de expansión del cultivo.
Frente a este escenario, el programa arrocero cubano descansa actualmente sobre una base productiva de más de 23 mil agricultores comprometidos con la siembra del cereal. Lugo Hernández destacó la diversificación de las formas de cultivo como una de las estrategias fundamentales.
“Le hemos dado mucha prioridad a la siembra de arroz, tanto a la forma especializada como la popular, todo el que se pueda sembrar por cualquiera de estas vías es válido, con el objetivo de elevar su producción tanto para el autoconsumo de los productores como para la venta a la industria, que se destina a la canasta básica”, afirmó.
El especialista identificó avances significativos en términos de autoabastecimiento territorial. Según su análisis, tres provincias —Pinar del Río, Sancti Spíritus y Granma— se encuentran en condiciones de autoabastecerse de arroz dado sus niveles productivos. En igual situación se encuentran 22 municipios, concentrados fundamentalmente en esas mismas provincias y en otras regiones del país.
“Tal como se afirma en la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional, el objetivo es lograr el autoabastecimiento de cada uno de estos territorios. Para cumplirlo, hay que producir lo establecido bajo las condiciones actuales del país, y además, realizar una buena contratación con las bases productivas y productores para que el arroz vaya a los destinos que hoy exige el país, en especial a la industria encargada de asegurar las entregas del arroz para la canasta básica a fin de sustituir importaciones”, añadió.
Combustible: el talón de Aquiles del sector
Uno de los obstáculos más acuciantes que enfrenta el programa arrocero es la disponibilidad de combustible, un factor que condiciona toda la cadena productiva. Lugo Hernández se refirió explícitamente a esta limitación.
“Es un factor limitante para impulsar la preparación de suelo, limpieza de sistemas de riego y las siembras. Algunos productores que tienen mejor condición, desde el punto de vista económico, han optado por la compra del petróleo en divisas, por lo que han podido asegurar la producción”, explicó.
Paralelamente, el sector ha impulsado la sustitución de insumos importados mediante la producción nacional de alternativas ecológicas. “También se han buscado alternativas con la elaboración de bioproductos y bioplaguicidas, y ya se han tratado más de 140 mil hectáreas con estos, sobre todo los biofertilizantes a fin de suplir los déficits existentes”, detalló el especialista.
En su empeño por recuperar los niveles de producción perdidos, el programa arrocero ha tendido puentes con nuevos actores de la economía cubana y con socios internacionales. Lugo Hernández confirmó que desde 2024 se labora de forma conjunta con diez mipymes, básicamente en las provincias de Sancti Spíritus, Pinar del Río y Camagüey.
Los resultados de este encadenamiento ya son tangibles. “A través de esta vía, en el 2025, se sembraron alrededor de 3 020 hectáreas con una producción de unas 9 304 toneladas de arroz cáscara húmedo, con un rendimiento de 3.08 toneladas por hectáreas. Esas cifras están previstas para el presente año, con ligeros incrementos en los rendimientos y la producción”, confirmó.
A la vanguardia de la colaboración internacional destacan los proyectos de producción cooperada. En Pinar del Río, la Empresa Vietnamita V Mariel ha introducido nuevas tecnologías y métodos de cultivo; en Granma opera la Empresa Thai Binh, también de capital vietnamita; y en Sancti Spíritus se desarrolla una experiencia con un Consorcio Ruso.
“Como resultado de la colaboración con Vietnam, el pasado año, en el territorio pinareño de Los Palacios, el rendimiento fue de 5.4 toneladas por hectáreas. Ellos han implementado tres modalidades: dos mil hectáreas sembradas y administradas por ellos; otra donde facilitan el paquete tecnológico a los productores para la producción; y la tercera, a través de la cual traen insumos para venderle a los productores”, detalló Lugo.
Drones para el campo cubano
La innovación tecnológica también comienza a abrirse paso en el arrozal cubano. El especialista del GAG señaló que en algunas de estas experiencias de colaboración se emplean ya los drones para la siembra y atención cultural de los cultivos.
“Y se valora, a través de la empresa GeoCuba, la adquisición de drones por parte de productores para su empleo”, adelantó, en lo que pudiera constituir un salto cualitativo en la gestión de los campos arroceros.
Con la mirada puesta en las 200 mil hectáreas previstas para 2026, el programa arrocero cubano combina la experiencia acumulada, el empuje de los nuevos actores económicos y la cooperación internacional para intentar revertir los efectos del bloqueo y avanzar hacia la ansiada soberanía alimentaria.













