En un giro significativo para uno de los acuerdos comerciales más complejos y prolongados de la historia, la Unión Europea (UE) ha accedido a una serie de demandas italianas, allanando el camino para la posible firma del tratado con el bloque sudamericano del Mercosur.
La Comisión Europea presentó medidas económicas favorables dirigidas específicamente al sector agrícola italiano, principal foco de resistencia dentro del bloque europeo.
Con el objetivo de avanzar con las negociaciones para cerrar el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, la Comisión Europea le propuso a Italia, uno de los países que más resisten el pacto, medidas económicas favorables para abaratar costos en la industria de la agricultura y que pueda dar su vito positivo.
El acuerdo, cuya firma estaba originalmente programada para el pasado 20 de diciembre en Brasilia, fue pospuesto debido a la firme oposición de países miembros con fuertes sectores agropecuarios, como Italia, Francia y Polonia, quienes argumentaron que el pacto podría perjudicar a sus productores locales.
Medidas concretas para desactivar la oposición
El desbloqueo de la situación se produjo tras una reunión extraordinaria de ministros de Agricultura de la UE el miércoles.
La propuesta central de la Comisión para ganar el apoyo italiano consiste en reducir los precios de abonos y fertilizantes, a partir de la suspensión temporal a los aranceles por las importaciones de estos productos. Esta medida respondía directamente a un reclamo previo del ministro de Agricultura italiano, Francesco Lollobrigida.
Esta oferta se sumó a otras que se habían presentado el martes como adelantar pagos a los agricultores durante el próximo período presupuestario (2028-2034) y a protecciones para el mercado interno que no afecten a los productores cuando ingresen al continente los artículos elaborados en Sudamérica.
La atención se centra ahora en la votación del Consejo Europeo prevista para este viernes. Para su aprobación, el acuerdo necesita el respaldo de al menos el 55% de los Estados miembros, que representen un mínimo del 65% de la población total de la Unión. Además, no debe formarse una “minoría de bloqueo” compuesta por al menos cuatro países que sumen el 35% de la población. En este escenario, el voto positivo de Italia se vuelve decisivo.
De concretarse, el acuerdo establecería la zona de libre comercio más grande del mundo, abarcando un mercado de aproximadamente 722 millones de habitantes y representando un Producto Bruto Interno (PBI) conjunto cercano a los 22 billones de dólares, según estimaciones citadas por el gobierno brasileño.
El tratado, negociado durante casi 25 años, eliminaría aranceles para alrededor del 90% del comercio bilateral y establecería reglas comunes en áreas como servicios, propiedad intelectual y comercio sostenible.
A pesar del avance con Italia, la ratificación final del pacto aún enfrenta el rechazo declarado de otros Estados miembros, entre ellos Francia, Polonia, Hungría e Irlanda, cuyos gobiernos han expresado preocupaciones persistentes por el impacto en sus agricultores. Una vez firmado, el texto deberá ser ratificado individualmente por cada país miembro de ambos bloques, un proceso parlamentario que podría extenderse por varios años.













