Políticas de Trump aceleran erosión del dólar como moneda de reserva mundial

El dominio del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial, consolidado hace más de ocho décadas en la conferencia de Bretton Woods, enfrenta un acelerado proceso de erosión, impulsado tanto por transformaciones estructurales de la economía de Estados Unidos como por las políticas impredecibles de la administración de Donald Trump en su segundo mandato.

El sistema monetario internacional vigente desde 1944 fue concebido bajo la influencia de Harry Dexter White, jefe de la delegación estadounidense, quien impuso un patrón oro indirecto que fijaba el precio del metal en dólares y vinculaba el resto de las divisas a la moneda estadounidense mediante tipos de cambio fijos. Aquel diseño, que contó con las advertencias del economista británico John Keynes sobre sus posibles consecuencias adversas, otorgó al dólar lo que el francés Valéry Giscard d’Estaing calificaría más tarde como un “privilegio exorbitante”.

En la actualidad, el 90 por ciento de las transacciones del mercado de divisas se realizan en dólares, la mayor parte de las reservas de los bancos centrales continúan denominadas en esa moneda y aproximadamente dos quintas partes del comercio internacional se facturan en dólares. Sin embargo, el peso económico de Estados Unidos en el mundo ha disminuido considerablemente desde la posguerra: su participación en la producción global medida en paridad de poder adquisitivo ha caído por debajo del 15 por ciento, y representa menos de una décima parte de las exportaciones mundiales de bienes.

Esta desconexión entre el papel monetario del dólar y el peso real de la economía estadounidense ha sido señalada por especialistas como Barry Eichengreen, destacado economista monetario internacional, quien documentó que la cuota del dólar en las reservas de divisas de los bancos centrales cayó del 70 por ciento en el año 2000 a menos del 60 por ciento en 2021, y a principios de 2025 se situaba por debajo del 58 por ciento.

El periodista y economista Ben Norton ha sugerido que la proporción real del dólar en las reservas extranjeras es aún menor, al considerar que algunos bancos centrales mantienen activos fuera de sus balances por temor a que Occidente congele o confisque sus reservas, una preocupación que se ha intensificado tras las sanciones impuestas a Rusia.

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha introducido nuevos elementos de incertidumbre que aceleran la desdolarización. Sus políticas, que incluyen aranceles ilegales, sanciones unilaterales y amenazas militares, han generado alarma entre los tenedores de activos denominados en dólares. Los intentos del mandatario de influir en la Reserva Federal y en otras instituciones de supervisión y regulación también han sacudido la confianza pública e internacional, mientras que los despidos de funcionarios considerados recalcitrantes han profundizado la percepción de inestabilidad institucional.

En el primer semestre del segundo mandato de Trump, el dólar sufrió su mayor caída desde la crisis del petróleo de 1973, con un descenso de más del 10 por ciento frente a otras divisas importantes, antes de experimentar fuertes fluctuaciones. Tras las amenazas del presidente de imponer aranceles masivos a todos los demás países el 2 de abril de 2025, crecieron los temores a un colapso simultáneo de los precios de los activos estadounidenses.

A diferencia de crisis anteriores, cuando predominaba la “huida hacia la seguridad” hacia activos en dólares, en esta ocasión el mercado ha perdido la fe en los activos estadounidenses, según han señalado analistas financieros, y se han producido ventas masivas en respuesta a las nuevas amenazas e incertidumbres generadas desde Washington.

El propio Eichengreen, que previamente había pronosticado un declive gradual del dólar y una lenta transición hacia un sistema de reservas multidivisa, ha advertido recientemente sobre una probable aceleración de esta tendencia, expresando preocupación por sus efectos adversos sobre las instituciones financieras que poseen activos denominados en dólares, los cuales perderían valor en términos de divisas extranjeras.

No obstante, el economista estadounidense insiste en que ninguna otra moneda está en condiciones de ocupar el lugar del dólar. Ni el euro ni el renminbi tienen, según su criterio, la capacidad ni la ambición de sustituir a la divisa estadounidense, y las criptomonedas de emisión privada no funcionan como monedas más allá de transacciones mayoritariamente ilícitas. Por ello, Eichengreen prevé que el dólar seguirá siendo «la camisa sucia más limpia del montón».

Sin embargo, las políticas del llamado Trump 2.0 han llevado a las autoridades monetarias de todo el mundo a considerar alternativas al dólar estadounidense como moneda de reserva mundial, en un contexto de creciente multipolaridad económica y financiera que podría reconfigurar el sistema monetario internacional en los próximos años.

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