La Torrefactora Manuel Ascunce Domenech, ubicada en la central provincia de Villa Clara, ha trascendido los límites de su tradicional producción cafetalera para convertirse en un polo agroindustrial multipropósito.
Hoy, sus instalaciones procesan maíz, sorgo y arroz, aprovechando al máximo su capacidad instalada para almacenar, transportar, tostar, moler y envasar prácticamente cualquier tipo de semilla. Esta reconversión productiva no ha sido un capricho, sino una necesidad imperiosa ante las adversidades impuestas por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos.
En declaraciones a la ACN, Yenis Leidy Cabrera Hayes, jefa del Grupo de Gestión del Capital Humano de la entidad, explicó que la planta ha debido reinventarse sobre la marcha ante la abrupta caída en el suministro de su principal aromático grano, golpeado de manera directa por la política de cerco petrolero que Washington mantiene contra la isla.
“Nos vimos en la obligación de buscar otras semillas y diversificar nuestros renglones, con el propósito de no depender exclusivamente del combustible asignado por el gobierno cubano y mantener viva nuestra maquinaria”, afirmó.
El director de la torrefactora, José Raúl Arias Díaz, precisó a este medio que en la actualidad la industria produce harina y gofio de maíz y sorgo, y recientemente incursionó en la fabricación de harina de arroz, un insumo con múltiples aplicaciones en la rama alimentaria. Destacó, además, que la harina de sorgo se utiliza como extensor natural en repostería, conservas y alimentos funcionales, rubro que ha despertado el interés de diversas formas productivas no estatales del territorio villaclareño.
“Nosotros tostamos, molemos y envasamos: ese es nuestro proceso sistémico básico, y lo podemos replicar con el maíz, con el sorgo y con casi cualquier semilla que ingrese a nuestras naves”, subrayó el directivo, al tiempo que añadió que la materia prima se adquiere mediante contratos con empresas estatales como Acopio y la de Semillas, así como con mipymes y cooperativas del sector no estatal, las cuales, en su opinión, no sufren con tanta ferocidad los frenos del bloqueo norteamericano.
Arias Díaz explicó que se aprovechan granos que han perdido valor como semilla pero que mantienen su utilidad como alimento, y cada lote es evaluado rigurosamente en el laboratorio de la entidad para garantizar la calidad y el rendimiento del producto final. Este giro estratégico ha sido posible, agregó, gracias al movimiento innovador de la empresa, cuya inventiva cotidiana da aliento a la maquinaria y permite rescatar procesos tecnológicos que parecían obsoletos.
Con esta experiencia, la torrefactora villaclareña demuestra que, con disciplina, creatividad y espíritu de resistencia, una empresa estatal socialista puede mantenerse rentable incluso cuando su objeto social tradicional se ve amenazado. No en vano, Villa Clara se distingue en el país por su capacidad de resiliencia empresarial frente al bloqueo, con más de un centenar de entidades estatales y no estatales que operan con sistemas de fuentes renovables de energía. La Manuel Ascunce Domenech se inscribe así en esa tradición local de buscar alternativas para sostener la producción pese a las limitaciones externas.
Aunque su objeto social inicial contemplaba la producción y comercialización mayorista de café en el mercado interno, hoy la torrefactora también prevé la venta minorista de paquetes de pequeño formato y la expendio de café en taza a personas naturales, ampliando su alcance y acercándose más al consumidor cubano. Una muestra más de que, ante la adversidad, la industria nacional encuentra caminos insospechados para seguir adelante.













