Ormuz bajo fuego: Daños millonarios, desconfianza naviera y una normalización que podría demorar hasta 2027

La amenaza latente sobre la navegación en el golfo Pérsico continúa generando profundas fisuras en la economía mundial, mucho más allá de un eventual cese al fuego o de una reapertura intermitente de sus aguas. Así lo advirtió en su momento Amin Nasser, director ejecutivo de Saudi Aramco, el principal proveedor de crudo de la región, al señalar a los inversores, en mayo pasado, que incluso si el estratégico estrecho de Ormuz reabriera de inmediato, «el mercado tardaría meses en reequilibrarse». En un escenario más pesimista, donde el bloqueo se extendiera unas semanas más, Nasser fue tajante: «la normalización se prolongaría hasta 2027».

Las secuelas del conflicto ya se reflejan en el bolsillo de los consumidores y en la estabilidad de las cadenas productivas. Los precios del petróleo, que se mantienen aproximadamente un 30 por ciento por encima de los niveles anteriores a la guerra, mantienen en ascenso los costos de la gasolina, el diésel y los fertilizantes. Esta espiral inflacionaria no solo alimenta la carestía generalizada, sino que perturba el comercio internacional y encarece los alimentos básicos en todas las latitudes, golpeando con mayor crudeza a las naciones en desarrollo.

Incertidumbre sobre la reapertura y desconfianza naviera

Los analistas consultados coinciden en que la mera firma de un acuerdo de paz no bastará para restaurar el flujo normal de los hidrocarburos. Las compañías navieras, piezas clave en esta logística, exigirán garantías reales antes de exponer nuevamente a sus tripulaciones y embarcaciones en la zona del Golfo. Se estima que se requerirá un período de observación de entre 30 y 45 días, periodo durante el cual deberán establecerse medidas de seguridad rigurosas, incluyendo patrullas navales internacionales que protejan a los buques de eventuales ataques esporádicos.

Neil Crosby, jefe de investigación de la firma de inteligencia de mercado Sparta Commodities, explicó a DW que la fragilidad de la confianza es extrema: «Basta con un solo ataque a un buque para disuadir a la gran mayoría de ellos». Crosby añadió un factor económico no menor: muchas navieras han logrado rentabilizar rutas alternativas, por lo que el incentivo para regresar a una zona de riesgo se ha reducido considerablemente. «¿Por qué habrían de molestarse en asumir el riesgo?», cuestionó el especialista.

Daños físicos y lentitud en las reparaciones

El panorama se complica aún más con el estado de la infraestructura energética. Decenas de yacimientos petrolíferos, oleoductos, refinerías y plantas de gas natural licuado (GNL) fueron alcanzados por los ataques. Según la consultora Rystad Energy, solo los costos de reparación se estimaban, en abril pasado, en un rango que oscila entre los 25.000 y los 58.000 millones de dólares.

El caso más emblemático es el del complejo qatarí de Ras Laffan, el mayor del mundo para la producción de GNL. Los ataques iraníes dejaron fuera de servicio el 17 por ciento de la capacidad de GNL de Qatar, y las autoridades de ese país han advertido que las reparaciones integrales podrían extenderse de tres a cinco años. A este retraso físico se suman las disputas legales. Abogados consultados por S&P Global Platts señalaron que los productores de GNL podrían pasar años resolviendo litigios contractuales derivados de las entregas incumplidas, lo que afectaría los cronogramas de carga hasta bien entrado 2027.

Otras instalaciones, aunque con daños menores, enfrentan semanas o meses de trabajos debido a la necesidad de exhaustivas verificaciones de seguridad. La acumulación de presión, escombros y posibles corrosiones en las plantas inactivas desde marzo exige procesos de reactivación sumamente cautelosos para evitar accidentes mayores, en un contexto donde la escasez de piezas de repuesto —ya presente antes de la guerra— agrava cualquier intento de recuperación.

Reservas menguantes y el fantasma de una recesión

Mientras la oferta del Golfo permanece estrangulada, el mundo ha vivido de sus ahorros energéticos. Desde el inicio de la guerra, Estados Unidos elevó su producción a volúmenes récord, mientras China redujo sus importaciones de crudo en 3,5 millones de barriles diarios, recurriendo a sus reservas estratégicas. Los miembros de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) también han hecho uso de esas existencias.

Sin embargo, esta tregua tiene fecha de caducidad. El director de la AIE, Fatih Birol, alertó en mayo de que, aunque un excedente previo al conflicto ayudó a absorber el impacto inicial, el mercado petrolero podría entrar en una «zona roja» en julio o agosto de 2026 debido al agotamiento de las reservas.

Neil Crosby, de Sparta Commodities, explicó a DW la lógica implacable del mercado: «Una vez que las existencias comiencen a agotarse, la única solución serán precios más altos, ya que solo con precios más elevados se puede empezar a contener realmente la demanda». Crosby sugirió que los precios podrían duplicarse y advirtió que esta evolución, sin un horizonte claro de solución, conduciría inevitablemente a una recesión global.

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