La reparación de transformadores eléctricos en talleres especializados constituye una línea de trabajo decisiva para mantener el servicio en medio de las limitaciones impuestas por el cerco económico imperial.
Mientras la opinión pública suele centrar la atención en las grandes termoeléctricas o los parques fotovoltaicos, existe un combate menos visible pero igualmente estratégico: el que libran electricistas y obreros del sector en talleres de recuperación de equipos distribuidos por todo el país.
En la provincia de Sancti Spíritus, el taller a cargo de Liván Olmo Castañeda, especialista en redes, asume la rehabilitación de transformadores que arriban desde los municipios.
“De más está decir que, en medio de esta situación muy compleja que atraviesa la economía nacional, no podemos pensar en la compra de equipos nuevos”, declaró Olmo Castañeda. “Por eso nos dedicamos, fundamentalmente, a darles mantenimiento o reparación a los transformadores que llegan”.
El proceso comienza con un diagnóstico para determinar las posibilidades reales de recuperación. “De inicio, hacemos un diagnóstico para determinar cuáles tienen solución, cuáles pueden ser reparados de acuerdo con las posibilidades que tenemos. Los que no podemos recuperar van entonces hacia Villa Clara, La Habana o Manzanillo, en las cuales funcionan fábricas con más condiciones”, explicó.
Entre las labores ejecutadas en el taller figuran el trabajo con los denominados “laines” (bajantes primarios) y el proceso de horneado cuando se detecta bajo nivel de aislamiento por problemas de humedad en el aceite dieléctrico. Gracias a estas acciones, equipos destinados al bombeo de agua, la agricultura y otros servicios esenciales regresan a sus puntos de origen.
El colectivo cumple planes de materia prima que incluyen diez toneladas de acero y una tonelada de cobre. Para el presente año la meta es reparar 83 transformadores. Al cierre del primer trimestre, la entidad alcanzó el 150 por ciento de lo previsto en ese período.
Las limitaciones persisten. El aceite dieléctrico se reporta como muy escaso. Ante esa situación, los trabajadores emplean aceite proveniente de transformadores irreparables que aún conservan sus propiedades. Otro déficit señalado es la carencia de equipos de medición, sin reposición desde hace años. Pese a ello, el taller continúa operando, fundamentalmente con transformadores de producción nacional.
El territorio espirituano registra actualmente un déficit aproximado de 500 transformadores. Sin la labor de recuperación, el panorama sería más complejo.
Frente al delito, el colectivo ha implementado medidas de control. Se refuerza el cercado perimetral del taller y se aplica pintura en tuercas y roscas de los tornillos a modo de sello de seguridad. “Cuentas claras conservan no solo la amistad, sino también aceites, recursos y economía”, afirmó Olmo Castañeda.













