Los presidentes de China y Estados Unidos, Xi Jinping y Donald Trump, concluyeron este jueves su primera jornada de reuniones de alto nivel en el Gran Salón del Pueblo, en una cita que marca el regreso del mandatario estadounidense a Pekín tras ocho años.
El encuentro, definido por una cuidada coreografía diplomática y promesas de un “futuro fantástico”, se centró en buscar estabilidad para las cadenas de suministro y evitar una escalada en la guerra comercial iniciada el año pasado.
Las conversaciones del jueves se vieron reforzadas por el trabajo previo realizado el miércoles en el Aeropuerto de Incheon, Corea del Sur, donde el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, lograron destrabar puntos clave.
Uno de los anuncios más destacados tras el encuentro presidencial ha sido la presentación de un protocolo conjunto sobre buenas prácticas en Inteligencia Artificial, un gesto que busca establecer reglas de seguridad entre las dos potencias tecnológicas a pesar de las restricciones vigentes a la exportación de semiconductores.
En la agenda comercial, las delegaciones han avanzado en un esquema para reducir aranceles en bienes valorados en aproximadamente 30 000 millones de dólares por cada país, siempre que no comprometan la seguridad nacional.
Trump ha insistido en la necesidad de que Pekín aumente significativamente la compra de productos agrícolas y aviones de pasajeros estadounidenses, retomando el espíritu de los acuerdos preliminares alcanzados en Busan durante octubre de 2025.
Pese al tono cordial de la ceremonia de bienvenida, persisten tensiones profundas. Pekín ha reiterado que el asunto de Taiwán es la línea roja más importante en la relación bilateral, mientras que Washington presiona por un mayor compromiso chino en la lucha contra el tráfico de precursores de fentanilo y en la gestión de crisis energéticas internacionales.
Se espera que la cumbre finalice este viernes con una última reunión privada antes de la partida del presidente estadounidense.













