La Corte Suprema de Estados Unidos sentenció el viernes que el presidente Donald Trump excedió su autoridad al imponer una serie de aranceles que trastocaron el comercio mundial, un duro golpe que le obliga a replantear su agenda económica y política.
En un fallo de seis votos contra tres, el máximo tribunal determinó que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) de 1977 “no autoriza al presidente a imponer aranceles”, invalidando así los gravámenes presentados como “recíprocos” que el mandatario había decretado invocando emergencias nacionales vinculadas al narcotráfico, la inmigración y los déficits comerciales.
Los aranceles son una herramienta clave de la política exterior del presidente republicano, que enarboló el lema “Estados Unidos primero” y ya durante su primer mandato (2017-2021) comenzó a utilizarlos como arma negociadora.
El máximo tribunal, de mayoría conservadora, recordó este viernes que “si el Congreso hubiera tenido la intención de otorgar el poder distinto y extraordinario de imponer aranceles” mediante la IEEPA, “lo habría hecho de forma expresa, como lo ha hecho de manera sistemática en otros estatutos arancelarios”.
La decisión confirma sentencias previas de tribunales inferiores según las cuales los aranceles que Trump impuso en virtud de la IEEPA eran ilegales, y deja en evidencia los límites constitucionales al poder ejecutivo en materia de política comercial.
Un tribunal comercial de primera instancia había dictaminado en mayo que Trump se extralimitó en su autoridad con gravámenes generalizados y bloqueó que la mayoría de ellos entraran en vigor, pero ese resultado había quedado en suspenso ante la apelación del gobierno.
Ahora, la Corte Suprema zanjó la disputa con un fallo que redefine el equilibrio de poderes en Washington y que, según expertos, podría obligar al gobierno a reembolsar aproximadamente US$140.000 millones a importadores.
Tres jueces conservadores, Brett Kavanaugh, Clarence Thomas y Samuel Alito, disintieron de la mayoría. Kavanaugh advirtió que el proceso de devolución de aranceles podría causar un “desbarajuste”, en referencia a la complejidad logística y fiscal que implicaría reembolsar las sumas recaudadas durante el último año.
El fallo no aborda explícitamente en qué medida los importadores que demandaron al gobierno pueden recibir esos reembolsos, lo que abre un nuevo frente de litigios en los tribunales inferiores.
La decisión se refiere específicamente a los derechos de aduana presentados como “recíprocos” por Donald Trump, pero no a los aplicados a sectores específicos como automóvil, acero o aluminio, que permanecen vigentes. Trump había utilizado la IEEPA no solo por motivos comerciales, sino también para promulgar tarifas aduaneras especiales a socios importantes como México, Canadá y China a causa del narcotráfico y la inmigración, así como para presionar a países en guerra.
El presidente se vanaglorió luego de haber logrado resolver ocho largos conflictos internacionales en 2025, por ejemplo entre Tailandia y Camboya, gracias a la amenaza de aranceles. Sin embargo, el fallo de la Corte Suprema despoja a la Casa Blanca de esa herramienta de coerción económica, limitando su capacidad para utilizar la política comercial como instrumento de presión diplomática.
La bolsa de Nueva York, que había abierto este viernes en rojo, subió tras el anuncio de la Corte: el Dow Jones ganaba 0.3% y el Nasdaq 1.0%, reflejando el alivio de los inversores ante la perspectiva de una reducción en la carga arancelaria. Además de la sentencia, Estados Unidos se levantó este viernes con un pobre resultado económico: el crecimiento en 2025 fue del 2.2%, respecto al 2.8% del año anterior, datos que alimentan el debate sobre la eficacia de las políticas proteccionistas impulsadas por la administración Trump.
La anulación de estos aranceles probablemente reducirá la tasa arancelaria media del 16.8% a alrededor del 9.5%, dijo a la AFP Gregory Daco, economista jefe de EY-Parthenon, antes del fallo. Pero esto podría resultar temporal, ya que el gobierno busca otras vías para volver a imponer amplios derechos de aduana, añadió.
Trump ha sugerido que tiene otros caminos para imponer aranceles, pero que serán más largos y burocráticos, como recurrir a la Sección 122 del Trade Act de 1974, que habilita aranceles de hasta 15% por 150 días, o la Sección 338 de la Tariff Act de 1930, que permite gravámenes discrecionales de hasta 50%.
El Ejecutivo puede por ejemplo imponer aranceles de forma limitada en el tiempo, lo que obliga a renovarlos periódicamente, un mecanismo que introduce incertidumbre adicional para los agentes económicos.
La presidenta de la Cámara de Comercio canadiense, Candace Laing, advirtió en un comunicado que “Canadá debe prepararse para nuevos mecanismos, más contundentes, (…) potencialmente con efectos más amplios y perturbadores”.
La Unión Europea declaró que estudiaba “atentamente” la sentencia, mientras que la Cámara de Comercio canadiense la tildó de “reajuste” en las relaciones comerciales bilaterales.
El dictamen deja en todo caso en el aire los enormes ingresos arancelarios que logró el gobierno durante el año pasado. Los especialistas calculan que están en juego cerca de 140 000 millones de dólares. Trump había prometido estudiar incluso una repartición de parte de esos ingresos arancelarios entre los estadounidenses, una propuesta que ahora parece inviable ante la perspectiva de que esos fondos deban ser devueltos a los importadores.
La oposición demócrata volvió a la carga contra la política económica de Trump, a menos de diez meses de las elecciones legislativas parciales.
“Las fracasadas políticas económicas de Donald Trump y la guerra comercial global librada con aranceles irresponsables, intermitentes, contra nuestros aliados y socios comerciales han generado una enorme incertidumbre”, declaró el jefe de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, en un mensaje que busca capitalizar el desgaste de la administración republicana.
El fallo también tendrá consecuencias profundas para el tejido empresarial estadounidense. Empresas de consumo como Nike, Mattel y Deckers Outdoor, que enfrentaban presión en márgenes por el encarecimiento de importaciones, podrían experimentar un alivio significativo si se materializan los reembolsos.
En el segmento industrial, Caterpillar, Deere & Co. y Stanley Black & Decker figuran entre las potenciales beneficiarias, mientras que fabricantes de automóviles como General Motors y Ford, con cadenas de suministro integradas en Norteamérica, observan con atención los próximos movimientos de la Casa Blanca.
Para América Latina, la decisión introduce un escenario de alivio parcial pero persistencia de riesgos. México, que concentra cerca de 13% de su PIB en exportaciones hacia Estados Unidos, vería eliminado el arancel de 25% vinculado al fentanilo, aunque los gravámenes sobre automóviles y autopartes continuarían vigentes bajo el T-MEC.
Brasil, cuya tasa arancelaria efectiva promedio había aumentado a 22.1% en octubre desde 2.5% en marzo, experimentaría una reducción sustancial que beneficiaría a sectores exportadores clave como acero, aluminio y carne.
Más allá del resultado judicial, la dinámica comercial global ya ha cambiado estructuralmente. Las empresas han iniciado procesos de diversificación de proveedores y relocalización parcial que difícilmente se revertirán por completo.
Bloomberg Economics proyecta que las importaciones de bienes de Estados Unidos podrían ubicarse cerca de 20% por debajo de los niveles que habrían alcanzado hacia 2030 en un escenario sin nuevos aranceles, lo que implica un ajuste persistente en los flujos comerciales y en la reasignación global de producción.
La decisión de la Corte Suprema redefine el instrumento jurídico utilizado por la Casa Blanca, pero no implica necesariamente el fin de la estrategia arancelaria.
La tasa efectiva caerá de forma inmediata, lo que generará un alivio táctico para importadores y sectores expuestos. Sin embargo, la disponibilidad de otras herramientas legales y la determinación de la administración Trump por mantener su agenda proteccionista sugieren que la política comercial de Estados Unidos seguirá siendo un factor central de incertidumbre para mercados, empresas y socios comerciales durante el resto del mandato y más allá.













