La iniciativa solidaria de sectores brasileños en apoyo a Cuba ha trascendido el plano de las declaraciones para materializarse en acciones concretas de carácter institucional, tras el lanzamiento de la campaña “Petróleo para Cuba”.
En un movimiento de gran relevancia política y humanitaria, la Federación Unificada de Trabajadores del Petróleo (FUP) ha formalizado una solicitud de reunión con la estatal Petrobras.
El objetivo de este encuentro es gestionar un envío de emergencia de combustible hacia la isla, en un intento por mitigar los efectos de las recientes amenazas del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha reactivado la imposición de aranceles y sanciones a aquellas empresas o naciones que suministren hidrocarburos a la nación caribeña.
Desde la perspectiva de los trabajadores del petróleo brasileños, la coyuntura actual exige que Petrobras asuma un rol activo como empresa pública de un país soberano, enfrentando el hostigamiento externo que busca asfixiar a Cuba.
Paulo Neves, director de la FUP, subrayó la necesidad de que la diplomacia brasileña se traduzca en medidas efectivas. En su declaración, Neves enfatizó que la solidaridad debe ir más allá del discurso político y convertirse en un canal operativo y regulatorio que garantice el flujo energético hacia la isla, con el fin de minimizar los riesgos humanitarios que ya se vislumbran en el horizonte.
Esta movilización en el sector energético corre en paralelo a la ya masiva campaña impulsada por el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) para el envío de medicamentos.
João Pedro Stédile, una de las principales voces del MST, confirmó avances significativos en esta cruzada solidaria, señalando que ya cuentan con laboratorios locales comprometidos a proveer fármacos a precios de costo. Stédile denunció con dureza que el bloqueo estadounidense no solo asfixia la economía cubana, sino que sabotea directamente la salud pública al impedir el acceso a divisas básicas necesarias para la adquisición de insumos y medicamentos en el mercado internacional.
El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, sensible a la presión de los movimientos sociales y a la gravedad de la situación, ya analiza la adopción de medidas formales para sumarse a este respaldo humanitario.
De acuerdo con informes del Ministerio de Desarrollo Agrario, Brasil podría seguir el ejemplo de México, canalizando envíos de alimentos y medicinas a través de la Agencia Brasileña de Cooperación. En un gesto de fuerte calado político, el propio presidente Lula calificó la situación que enfrenta la isla como una “masacre especulativa” y ha instado a las filas de su partido a redoblar los esfuerzos de apoyo al pueblo cubano.
La ofensiva renovada de Washington genera un rechazo unánime y transversal en el gigante suramericano. Centrales sindicales, partidos políticos de amplio espectro y personalidades destacadas de la cultura han manifestado su repudio a lo que consideran una política de asfixia cruel.
Los movimientos sociales advierten que la estrategia de estrangulamiento energético contra Cuba no busca un cambio político, sino paralizar servicios esenciales como hospitales y escuelas, afectando de manera directa y desproporcionada a la población civil más vulnerable. Ante este escenario de creciente hostilidad, la presión popular en Brasil se fortalece como un dique de contención para evitar que el cerco impuesto logre sus objetivos de desestabilización y daño humanitario.













